sábado, marzo 19, 2011

Arturo Pérez-Reverte y Luis Sinco: Coincidencias en campos de batalla

“La verdad está en las cosas, no en nosotros,
pero nos necesita para manifestarse”

Arturo Pérez Reverte


Hace tiempo leí El pintor de batallas, de Arturo Pérez-Reverte, novela editada por Alfaguara. El pintor de batallas es una historia que plasma el caos y las pérdidas que deja la guerra, cualquiera que ésta sea. Para Arturo Pérez Reverte, el pasado nos persigue y generalmente nos da alcance. Tal es el caso de Faulques, reconocido fotógrafo, ex corresponsal de guerra, quien después de varios años se encuentra con Ivo Marcovik, un soldado a quien Faulques captó en Vukovar, Croacia, durante una de las tantas guerras. El encuentro tiene un motivo peculiar: Marcovik dedicó lo que le restaba de vida a buscar a Faulques y, cuando al fin lo encuentró, le reclamó el hecho de haberle tomado aquella fotografía pues, a partir de ella, su vida cambió radicalmente. Ivo Marcovik regresó del pasado a la vida de Faulques con un sólo objetivo: Matarlo.
Retomo la lectura de El pintor de batallas porque, escarbando mis textos y mis archivos, hallé un reportaje en la revista Proceso fechada el 25 de Noviembre del 2006, en la sección Internacional /Estados Unidos, titulado La guerra interior de Miller, en el que se habla, precisamente, de algo muy pero muy semejante a lo que Pérez-Reverte trata en El pintor de batallas.
En El pintor de batallas Faulques es el fotógrafo que capta con su cámara a Marcovik. En La guerra interior de Miller es Luis Sinco, fotógrafo del diario Los Ángeles Times, quien captó el rostro de James Blake Miller, sargento estadounidense, después de un cruento combate en Falluja, Irak.
Cuando encontré el texto de Luis Sinco y comencé su lectura, de inmediato llegó a mi cabeza la novela de Arturo Pérez-Reverte, más aún cuando leí el inicio. Observen la similitud:

El pintor de batallas, Arturo Pérez-Reverte:

“… Acababan de correr cuatro kilómetros con los tanques enemigos pegados a las botas, y entre la reverberación del sol sobre el camino se movian ahora con extrema lentitud, casi fantasmales, sin otro ruido que el retumbar sordo de las explosiones lejanas y el roce de sus pies sobre la tierra… Faulques, al pasar junto a ellos, decidió registrar la imagen de aquella extenuación… dejó pasar varios rostros y eligió el tercero a través del visor, casi por azar: unos ojos claros extremadamente vacíos, unos rasgos descompuestos po el cansancio, la piel cubierta de gotas del mismo sudor que apelmazaba sobre la fente el pelo sucio y revuelto, y un viejo AK-47 apoyado con descuido sobre el hombro derecho, sostenido por una mano envuelta en un vendaje manchado y pardo. Después el obturador hizo clic.” (p 30-31)

La guerra interior de Miller, Luis Sinco:

“El joven marine encendió un cigarro y lo dejó colgar de sus labios. Un humo blanco envolvió su casco. Su cara estaba embadurnada con pintura de guerra. Goteaba sangre de su oreja derecha y del puente de la nariz. Ensordecido momentáneamente por la detonación de los cañones, no se dio cuenta de que el tiroteo había cesado. Miraba fijamente la salida del sol. Su expresión captó mi atención. Me decía que estaba aterrorizado, exhausto y simplemente contento de estar vivo. Reconocí esa mirada, porque yo me sentía igual. Levanté mi cámara y tomé algunas fotos.” (p 36)

Y las semejanzas continúan:

El pintor de Batallas:

“La foto se publicó cuatro semanas después, coincidiendo con la caída de Vukovar y el exterminio de sus defensores, y aquella imagen se convirtió en un símbolo de guerra. O, como concluyó el jurado profesional que la premió con el prestigioso Europa Focus de aquel año, en el símbolo de todos los soldados de todas las guerras.” (p 31)

La guerra interior de Miller:

“Con el clic de un disparador, el sargento James Blake Miller, un muchacho campirano de Kentuky, se convirtió en el emblema de la guerra de Irak. La imagen habría de cambiar dos vidas: la mía y la suya.” (p 36)

Una de las diferencias que marcan ambas historias, es el motivo del encuentro entre los fotógrafos y los soldados. Mientras que en El pintor de batallas es Ivo Marcovik quien busca a Faulques para matarlo (claro, después de conocerlo bien, dice el personaje), en La guerra interior de Miller es Luis Sinco quien, por órdenes de los editores del periódico para el que trabaja, busca al marine Marlboro “para darle seguimiento a la historia”. En la novela de Pérez-Reverte, Ivo Markovic desea conocer a quien lo hizo famoso, en el texto de Sinco, es el fotógrafo quien debe de alguna manera proteger a quien se ha convertido en un héroe valiente: “Las mujeres quieren casarse con él. Las madres querían saber si era su hijo.”

De igual manera, en ambas historias existe el desconocimiento - por parte de los fotógrafos - de los nombres de esos a quienes han fotografiado y lanzado a la fama. Ese es uno de los reproches que Markovic hace a Faulques: “…Usted hizo una foto a un soldado con quien se cruzó un par de segundos. Un soldado del que ignoraba hasta el nombre. Y esa foto dio la vuelta al mundo. Luego olvidó al soldado anónimo e hizo otras fotos. A otros cuyo nombre también ignoraba, imagino.” (p 41)

En su narración, Luis Sinco apunta: “Yo ni siquiera sabía su nombre. Impactado por el tiroteo y exhausto, simplemente identifiqué a Miller como “un marine” y apreté “enviar”. (p 38)

En la novela de Pérez-Reverte, el soldado es un personaje que, aunque con recuerdos crueles y una vida destrozada por la guerra, mantiene fuerte sus convicciones. Es como si el paso de los años y la carga de esos recuerdos le hubieran proporcionado fortaleza y frialdad. En cambio, el marine de la historia de Sinco, regresa a casa después de la guerra y sufre desorden de estrés postraumático. Mientras en El pintor de Batallas Ivo busca a Faulques para matarlo, en La guerra interior de Miller es el fotógrafo quien de pronto se descubre a cargo de Miller, un soldado que poco a poco termina con su vida consumiendo drogas, alcohol y abandonando tratamientos médicos.
Los fotógrafos de ambas historias, a pesar de haber obtenido el reconocimiento mundial por su arte, enfrentan la terrible responsabilidad de cargar con el pasado, un pasado que retorna a ellos en el rostro de soldados que llevaron a la fama con su cámara. Rostros de la guerra, héroes que, digámoslo así, tuvieron la suerte de ser conocidos y se salvaron del anonimato. Se debe mencionar, sin embargo, una diferencia entre ambos soldados: Mientras que Miller obtuvo el reconocimiento nacional y el apoyo del gobierno de los Estados Unidos, Ivo Markovic fue un soldado que sólo conoció la fama de manera efímera mientras tuvo vigencia la publicación de su fotografía. Después de eso ni el mismo Faulques lo reconoció.

El punto de unión de ambas historias es la guerra, su crueldad, sus escenas terribles con cuerpos destrozados y sangre derramada en los campos de batalla; y encontramos también la historia de miles de hombres enviados a combatir en guerras inexplicables para, después, si tienen suerte, regresar a casa con la carga recuerdos de amigos y compañeros muertos. Rostros ensangrentados que serán compañeros de pesadillas y trastornos mentales. Para estos hombres, como para los fotógrafos y corresponsales de guerra, la vida ya no es igual después del primer clic lanzado en alguna guerra. Su vida se quedó, sin ellos pedirlo, en alguno de esos enormes campos de batalla.




Arturo Pérez-Reverte, El pintor de batallas, editorial Alfaguara, México, D.F., 2006, pp 301.
Proceso, Semanario de información y análisis No. 1621, La guerra interna de Miller, Luis Sinco, México, D.F., número correspondiente al 25 de noviembre del 2007

domingo, marzo 06, 2011

Trémula voz

En qué lugar de la noche
oh trémula voz aguardas,
en cuál de tus lenguas
el tiempo se reacomoda,
en cuál de tus bocas descansa.

Es el tímpano
refugio de la tentación,
es la carne el tiempo mismo que pasa,
soy yo
en los acordes de la garganta
que a las cosas nombra
y la vida arrebata.

Trémula voz,
raíz de amaneceres,
trémula y frágil
mi carne en ti aguarda.

jueves, diciembre 16, 2010

Silencio de luz

Mi madre nunca dijo
que llega pronto el atardecer
cuando se le ignora,
simplemente dejó de hablar,
se llenaron de luna sus ojos
y brotó de su pecho un enjambre
de sombras.

Sombra, silencio de luz,
pausa en la mirada del tiempo,
mutis en el escenario que se reconstruye
día con día,
calle que nos ve pasar
a la ceniza de la tarde
al luto de la noche
y de nuevo al alba;
navaja de luz
en la yugular que late resignada
en las pupilas que se abren
y buscan devorarlo todo
- todo –
porque saben que cerrándose
no habrá marcha atrás,
sólo ese silencio de luz por los cuatro costados
y el triste recuerdo
de que siempre fuimos cadáveres vivientes.

domingo, septiembre 19, 2010

Negro

A mi padre,
donde quiera que se encuentre




De negro la tarde se pinta,
de negro
y mi corazón en la tierra
que hoy te devora,
de negro el cielo, de negro mi vida,
de negro los ojos de mi madre
que hoy se abren al abismo.

Negro
¿por qué el negro en la tumba?
¿Por qué no el blanco, el amarillo?
¿Por qué negro tu traje?
Negro el aposento que hoy te guarda.

Negro, pinche negro.

Y en las piedras dejo mi sangre,
me escarbo la memoria
y tu traje verde al final de aquel llano,
santifico mis recuerdos
y un grito desde tu habitación me llama

Negro,
roca y tierra de este agosto
que hoy, a las tres de la tarde,
parte contigo hacia el negro
infinito de la noche.

domingo, septiembre 12, 2010

Sin Título

Así, de tajo, el corazón arráncame,
llévate de una vez todos los días y sus horas
llévate mi aliento y el grito que ahora mudo te invoca.
Así, de tajo, arráncame lo que de vida queda
en este pedazo de carne
que lento
agoniza...

domingo, junio 27, 2010

De Cuauhtémoc a San Antonio

Un gran trozo de carne, miradas infinitas y rostros distantes, diversos aromas y terribles humores, todos los ruidos y todos los silencios en medio del Periférico, lágrimas entre vagones y esperas interminables, una pareja que discute sobre Avenida Universidad, un hombre que deambula por Insurgentes arrojando su hedor y enrareciendo el aire light de la zona.
La ciudad es una mujer de largos cabellos motorizados, una puta que paciente espera a que alguno se despida de ella entre los vagones de un metro que vomita carne todos los días; y en cada vagón se marcha algo de quienes desesperados le esperan, seres malditos por el tiempo que escurren por las manecillas de un reloj que nunca se detiene. Decapitados, suicidas, locos e indigentes, mujeres en busca de una migaja de amor, secuestradores que planean el siguiente golpe, políticos y su eterno bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla, el narcotráfico que crece y el pan en la mesa de los pobres que escasea. Las telenovelas y su eterno cuento de la sirvienta que se casa con el dueño rico de la mansión y las chachas del Pedregal soñando que algún día, algún día, algún día, algún día (sopas) que algún día se verán como Bárbara Mori o como Thalía y el resto tan solo, tan solo, tan solo que busca a alguien en internet para matar el rato, para cibersexo, para mostrarse desnudo, para sentirse cerca aún estando lejos.
La gente sueña pensando que el sueño algún día dejará de ser sueño para transformarse en una realidad que ya no es realidad en estos días, más bien es una especie de burla, una especie de farsa que obliga a todo mundo a representarla, una realidad que tal vez es un mal sueño y de ese mal sueño nadie, absolutamente nadie, por más gallos que canten, más despertadores que griten y marchas que realicen, despertará, porque este mal sueño es toda una realidad y esta realidad es un mal sueño, aunque alguien diga por ahí que la vida es sueño ¿será acaso que esto es un sueño y pensamos que es la realidad y vivimos esta realidad buscando alcanzar algún sueño? Alguien me dijo hace poco que esta vida ya la había yo vivido antes y que estaba de vuelta porque tenía que evitar los errores que había cometido en mi otra vida, o sea que esta vida y mis vidas anteriores han sido todo un pinche fiasco y me niego rotundamente a pensar, aceptar, considerar siquiera que no he dejado de ser una pendeja y que en todas mis vidas he sido la misma idiota que comete los mismos pinches errores y entonces me pregunto ¿cuántas vidas me faltan para dejar de ser una imbécil? Entonces René me comentó que cuando me percate de ello, en una de mis siguientes vidas, descansaré en santa paz, pero ¿cómo lograré darme cuenta en mis otras vidas que ya la he cagado en estas otras vidas si no llego a estas vidas con un manual que me indique en qué la cague para no volverlo a hacer? Pero esta es mi realidad, una realidad en la que de nuevo busco el sueño porque el insomnio de nuevo es el pan nuestro de cada día, una vida que transcurre en una ciudad como tantas en el mundo, llena de gente pobre que cada día aumenta en número y que los políticos buscan la manera de exterminar. Esta vida ya no es una vida normal, es una vida light, una vida para uno cuantos, para esos que pueden pagar, pagar, pagar, pagar, pagar, pagar y el resto, así de jodidos que estamos, pues no encajamos en la forma light que tiene esta vida hecha para niños light, esos que se pueden tomar la vida más a la ligera, que viajan en camionetas chingonas y no les falta el pan, esos que escuchan raegueton y ven a las relaciones en pareja como la oportunidad de coger, coger, coger, coger hasta el cansancio y utilizan todo tipo de pomaditas y pastillas para durar y durar y durar más, porque para ellos esta vida light que se les regala es eso, sólo una cogida más que se debe disfrutar, para eso están los condones ¿qué no? para eso está el aborto legalizado, para eso está la libertad que ya no es libertad, sino un libertinaje light que se debe aprovechar al máximo.
Libertad, coger, aborto, narcotráfico, decapitados, muertos por aquí, muertos por allá, secuestros, personas que de pronto desaparecen del mapa, frialdad, frialdad, frialdad, frialdad, insensibilidad, frialdad, insensibilidad, frialdad, insensibilidad, pobres, más pobres, un chingo de pobres, la gasolina que sube, sube, sube, sube, sube, el huevo hasta los huevos, la tortilla, el pan… el PAN… Santa Madre de Dios… ¿Dios? ¿Quién es ese Señor? Dios, Dios, Dios, Dios… si vieras cuánta gente muere de hambre, cuánta miseria hay en el mundo, cuántos niños sufren ¿seguirías siendo Dios? Mientras los pobres buscan resignación y fortaleza en las misas no sólo de los domingos a las doce, los santos sólo los observan silentes desde los nichos llenos de veladoras y de incienso porque, ojos tienen pero no ven, oídos tienen pero no oyen, boca tienen pero no hablan… y si hablaran, ¿qué sería lo primero que dirían?
Esta es la ciudad en donde vivo, con su tráfico sobre Avenida San Antonio que mienta madres porque no se avanza, con el metrobús hasta la madre con toda esa gente que regresa del trabajo con las ganas quebradas y con la soledad a cuestas, con el metro lleno de personas que se arriman los sexos buscando sentir, sentir, porque eso, señores, hace mucho, mucho tiempo, que dejamos de hacerlo.

**Del libro "Cuentos del vagón" de próxima aparición.

martes, abril 13, 2010

Neus des Fous

¿Qué es esto
que en dos la cabeza me parte?
Tornasol al final de cada pensamiento,
tornasol y una línea delgada
que funde al rojo con el negro.

¿Qué es esto
que en mi cabeza se desnuda?
Pasos vacilantes,
aturdimiento, vacío,
y es que sólo estar dormido
me sana,
lejos del mundo
en mi lecho de muerte prematura,
lejos de mí
a punto de abordar la Neus des Fous,
añorando el suave transcurrir de los ríos,
porque hijo soy del caos
y la desventura,
hijo de nadie,
huérfano lanzado a los brazos de la locura,
pequeña amante y compañera de cama
¡Maldita!
pueden comenzar los días
y yo abrazado a ella,
puede el sol calentar las carnes del resto
y mi sudor en su baba se transforma,
siempre tibia,

y las noches
¡Oh, las noches!
putas incanzables con sus horas eternas,
alcahuetas de su existencia.

Imagen viva de la falta de voluntad
Soy,
Soy, Yo, Soy, ¿soy?
Nada,
y en mi palma izquierda las tardes
se ocultan,
es mi pecho cristal a punto
de reventar,
en mis ojos anida el tiempo
sin esperanza de dar vida,
un espantapájaros más
en la línea perfecta del horizonte,
¿qué es el horizonte
si no el momento en que Dios Padre
señala tranquilo el paso de los días?
Dios Padre,
Dios Hijo,
Dios Espíritu Santo
y mi blasfemia por sus cuatro costados,
Yo y esta boca mía
con sus palabras llenas de desierto,
Yo y este cruzarme el cuerpo
hasta descubrirme duna,
Yo, duna, Dios… desierto,
Yo y los días que corren y corren
y Yo detrás de ellos sin alcanzarlos,
Yo y el espacio vacío
lleno de puntos suspensivos,
Yo y el grito de mi madre
que se pierde cerca de un río,
Yo y el grito de mi madre
que me lanza al abandono
y me crucifica en su olvido,
Yo en busca de algo, algo, algo,
y el cuerpo de la locura y su peso,
y mi Yo niño arriba de un árbol
y encima de un perro,
y a los cinco años en un vagón de metro
y a los ocho con la figura de un padre inesperado,
indeseado, inacabado, in side
cuando deseaba que fuera out side,
Yo aferrado a esa línea perfecta del horizonteque se esfuma
con el paso de las horas,
Yo, Yo, Yo
¿Yo?
No existe Yo cuando la letanía
rompe el corazón
y los trozos se clavan en la piel de los santos,
¡Nada de mártires en este poema,
lo suplico!
¡Nada de corazones, ni de rezos,
ni de letanías, ni de santos!
de nada sirven los rezos
cuando uno se encuentra a punto
de la locura,
de nada sirve el crucifijo
ni el Padre Nuestro ni el Ave María,
de nada sirve reclamar a mi madre
su abandono
ni a mi padre su escarnio,

de nada el aire que infla mis pulmones
de nada el sol que entra por la ventana
de nada la vida de mis hijos
y la vida que continúa allá afuera,
de nada… nada…
la Nada, hermana bendita de la maldita locura,
en ellas mi vida se parte
y a ellas mi vida se consagra.

¿Qué es esto
que en dos la cabeza me parte?
Ha llegado la hora de abordar
la Neus des Fous,
la quietud de su río me llama.

sábado, enero 02, 2010

De temores y cambios

Todo cambio implica algo de temor. El observar detrás de una puerta, la mudanza hacia otra ciudad, una nueva vida, una nueva relación, un nuevo empleo, incluso un nuevo día implican algo de temor. En este sentido, este año inicia y, con él, los temores y las dudas parecen acentuarse ante una situación económica nada alentadora para todos los mexicanos.
No había escrito nada en este blog porque, la verdad, tuve serias fricciones con el año pasado (que acá entre nos, qué bueno que se largó) y no le veía el caso escribir pura desgracia. Sin lugar a dudas, después de la publicación de los Cuentos para entristecer a payaso y su presentación en Guadalajara y en el Distrito Federal, la vida se tornó tan monótona, tan andar en chinga detrás del dinero, de la sobrevivencia ante un desempleo que no sólo sufre quien estas líneas escribe sino la gran mayoría de los mexicanos, viviendo en un cuarto de hotel cuyo administrador es un desgraciado y hace el papel del malo en la historia, buscando la forma de flotar cuando todo hace que te hundas, t o d o :
tu ex pareja
esos que se dicen tus cuates
la situación con el dinero
el buscar empleos y encontrarte con gente nefasta que se siente tocada por Dios
el hallar empleo y encontrarte con la directora de una editorial (específicamente la de Editores Mexicanos Unidos) a la que no le gusta nadita que vivas en un hotel y, por tanto, te quite el empleo recién hallado
el encontrarte con gente que se dice escritor y que no sabe escribir siquiera en un trozo de papel sanitario (específicamente la mayoría de los pseudoescritores que pertenecen a esa asociación que se denomina ASOLAPO y que dirige la pseudoescritora Luz Samanez y una bola de secuaces de quienes se deben cuidar todos aquellos organizadores de encuentros de poetas en el mundo)
...
en fin... todo cambio implica un temor, todo nuevo inicio implica apostar por el tiempo que viene y agradecer por los amigos verdaderos, por los camaradas y llegar al campo de batalla y, entonces, mostrar la espada y permanecer en guardia ante lo que venga...
temor
todo implica temor
sin embargo, señores, es hora de dejar de lado temores y viejas caídas, es hora de gritar al porvenir y pedir porque vengan nuevos tiempos, tiempos de buena cosecha... todo esto aunque sepamos que el sistema está más podrido que nunca, que se prometió acabar con la pobreza, más no terminar con los pobres ni matarlos de hambre, aunque sepamos que todo, ahora, cuesta más que hace algunos días, aunque sepamos tantas y tantas cosas, nosotros debemos permanecer en este campo de batalla hasta que, lamentablemente, la espada del contrario nos arrebate lo más valioso que ahora tenemos: la vida...
estamos vivos, por tanto y por lógica, vivamos, respiremos, luchemos o como decían los soldados de la Segunda Guerra Mundial: Comamos y bebamos que mañana podemos estar muertos.
¡Salud! Venga pues un nuevo inicio, vengan pues nuevos retos que aquí, en guardia, permanecemos... nada de temores que los cambios son siempre para bien.
CARPE DIEM

sábado, noviembre 07, 2009

Vida tan frágil, tan cínica...

La vida... ¿qué es la vida? Juro por Dios que ahora, de nuevo, me lo pregunto... Hace un año, también en noviembre, falleció mi maestro de periodismo: Manuel González Ceniceros. Aquel noviembre, visto ahora desde la lente que intenta mantenerlo vivo como un recuerdo que duele, que fragmenta, que señala la ausencia, fue devastador para mí porque Meme se había ido y yo no había podido despedirme de él... despedir... hay despedidas que se dan de tajo, así, sin decir agua va. Despedidas que, sabemos, ya no tienen retorno, despedidas para siempre... para siem pre... si em pre (aunque esté mal separado)

Siempre y despedida son palabras feas, palabras que se asocian de inmediato a la ausencia, a la condición de que, tal vez, jamás volveremos a ver a la persona de quien nos despedimos... Hay de ausencias a ausencias: las ausencias por un abandono que dicta que la persona sigue ahi, en algún lugar de la tierra, que respira, que vive... y hay ausencias que conllevan a la muerte, y estas ausencias son las más dolorosas, las más tristes: heridas que rasgan de tajo la piel y la dejan abierta por un buen rato...

Hoy, 6 de noviembre del 2009, después de estar bailando con Nene, Chato y Memo en una placita, aquí en el Centro Histórico del DF, después de entrar a la panadería para comprar pan y cenar, recibí la noticia de que mi gran amigo, camarada y maestro, Jorge Luis Espinosa, había fallecido. La noticia, en principio, llegó a mi cabeza y buscó una relación lógica con la realidad... a ver, a ver... cómo que qué, quién falleció? esa fue la pregunta que como protección lanzó mi cerebro, acto seguido sentí que me mareaba y busqué una silla, sí, ahí, a mitad de la panadería y comencé a llorar: el cerebro había entendido el mensaje y Jorge Luis había muerto...

Hay ausencias que nunca se llenan, ausencias que dejan marcada la vida, ausencias que duelen y que no se explican, ausencias que dejan de serlo el día que nos alcance la muerte y de nuevo veamos a quienes se fueron antes que nosotros. Sin duda, la muerte de Jorge Luis me quedará grabada por muchos años, tal vez por lo que me resta de vida, así como lo fue la muerte de Meme, la muerte de Jaime, la de mi maestra adorada Enriqueta y la de Ricardo y todas esas que se avecinan y de las cuales no quiero hablar...

Hoy, sin duda, fue un día lleno de contradicciones, de dolores, de despedidas y tristezas; un día en el que bailé con mis niños y con Memo (me encanta la sonrisa de Memo y su forma de mirar) pero también el día en que mi amigo del alma se fue para siempre, el día que supe se había venido a despedir de mí, y que yo lo fui a buscar el martes y no hallé en su oficina. La vida... la vida, las ausencias, las despedidas, el dolor y ... la muerte.

Para mi amigo entrañable mucha luz en su camino...

domingo, octubre 25, 2009

Presentación de Cuentos para entristecer al payaso en el DF


Les dejo la invitación para asistir a la presentación de los Cuentos para entristecer al payaso el próximo 29 de octubre, a las 19:00 horas en el Museo José Luis Cuevas. Habrá muchas sorpresas. Espero me puedan acompañar.

sábado, julio 25, 2009

La mirada: Ésta es la segunda llamada... segunda...

Compartimos aquí el primer cuento de los Cuentos para entristecer al payaso. Éste, que es mi primer libro de cuentos, se presenta el próximo 6 de agosto en Guadalajara (pido a Dios que nos envíe un milagro monetario para poder trasladarnos a dicha presentación, si algún mecenas caritativo, apoyador de la cultura, la literatura y el arte lee este blog, mucho le vamos a agradecer su apoyo para comprar los pasajes en autobús de estos Tres Mosqueteros, ja) y se presentará a las 20:15 horas en Finisterre Café Boutique. Espero nos puedan acompañar y ser padrinos del huerco. Para leer este primer cuento sólo coloquen el cursor sobre la portada, den click, sigan los señalamientos y podrán conocer a Gumaro y adentrarse en la oscuridad de su ser. Que sea de su agrado.

jueves, abril 30, 2009

Madredeus, Monterrey y Lefod

Para el chaparro y los 7 años compartidos

Muchas veces, cuando uno se asoma por la memoria y descubre que esos recuerdos que se pensaban sepultados en el tiempo se encuentran aún ahí, uno sólo cierra los ojos, contiene la respiración y por la cabeza suceden de nuevo esos momentos que lo llenaron a uno de plenitud, es como en esas películas en las que cada escena, cada aroma, cada movimiento representa un elemento crucial que, al final, se complementa perfectamente con la melodía que en ese momento se escucha y que es, además de los aromas, el único eslabón que nos permite regresar a ese instante.
Comparto con ustedes O Pastor de Madredeus, una canción que marcó significativamente un momento de mi vida en Monterrey, cuando aún tenía mi familia completa, el café Lefod en el Barrio Antiguo y Porthos (Samuel) y Aramis (Pablo) eran unos bebés que comenzaban el arduo camino de ser mis compañeros de batalla.
Escucho esta canción y me hace pensar en todo aquello que dejamos detrás, todo aquello a lo que añoramos regresar y que nos atormenta porque, sabemos y estamos conscientes, de que eso jamás sucederá, sólo de esa manera, cerrando los ojos y repasando en la memoria cada uno de los movimientos, espacios, aromas y rostros. No sé si la memoria sea una bendición o una maldición, lo único que sé ahorita, al escuchar de nuevo esta canción, es que de nuevo toman vida en mi cabeza Lefod y sus veladoras, Juan Pablo en la cocina preparando pedidos para nuestros clientes, mis hijos en la habitación de junto observando a sus padres trabajar y yo, a la entrada de esa cocina de la calle de Matamoros y Diego de Montemayor, observando cómo pasaba la vida.

miércoles, abril 15, 2009

10/10

Al pie de la cama
la súplica ensordece.
En vano gritar cuando la manzana
a punto de reventar se encuentra.
Entonces de nada sirve
arañar cada ángulo de una habitación
que empequeñece.

Lentamente aire soy,
voluta de humo
que sale disparada.

Todo es irreal
todo es ir
real
todo es ir
todo es real
todo
real
hasta este momento
en que el tiempo se agolpa
en la garganta
mientras los perros aguardan
mi tibio cadáver.

Todo es ir
gota a gota
por esta habitación
que empequeñece,

todo es irreal
todo – es –
en un cuerpo
que sobre mi cuerpo
ofrenda a la Muerte

todo es irreal
todo es ir
real, súplica, muerte, asfixia
y
madrugada y tiempo y grito
mudo
que lentamente
avanza
hacia ese límite,
piel delicada
de una cebolla
que en lágrima transforma la mirada
y la unta
en cada rincón
de esta habitación
que empequeñece.

domingo, febrero 22, 2009

Poemas inéditos

Debajo de la cama
los zapatos,
cómplices del andar cotidiano
de amores olvidados
y deseos reprimidos.

Debajo de la cama,
los recuerdos.

*****

Y de su costado izquierdo
mi corazón y la espada
que en dos lo parte.

*****


Basta el roce de la primer gota
en el concreto,
para que el cielo rompa en aplausos
por la conquista.

*****

Este mi par de oídos,
enjambres despiertos a media noche.

Es el silencio néctar
que beben,
es el sonido de mi cuerpo
el que los acompaña.

Detrás de mis párpados
las luciérnagas se agolpan
buscando la salida.

jueves, noviembre 20, 2008

Sin título

Para Ámparo Dávila
Un pequeño homenaje

Si vieras qué chulas se veían las sandías ahí, atrás de la camioneta. Josefina las acomodó rebien, hasta parecía que había agarrado una regla y había medido el espacio entre una y otra. El mantel verde se confundía con la cáscara y resaltaba el rojo de la fruta que se veía fresca, rebosante de jugo. Con el calor hasta se antojaba detenerse y darle de mordidas a uno de los trozos que se asomaban coquetos entre vasos de plástico, cuchillos, saleros y chile piquín. No había mucho viento pero el poquito que hacía llevaba el olor a sandía a la nariz de quienes por ahí pasaban. Nomás de oler la sandía me acordé de los labios de la Ceci, carnositos y rojos, pa colmo se pone brillito sabor sandía, así que ya te imaginarás, pa pronto se me vino a la cabeza aquella tarde, ándale, esa, en el estanquillo, cuando le robé ese beso. Ella nomás cerró los ojitos y yo ni de Josefina me acordé, me dejé llevar y mis dientes mordían y mordían sus labios carnositos, carnositos te digo, y por mi nariz entraba su olor a carne joven, a sandía fresca.
Ahí me quedé parado, debajo de uno de esos árboles grandotes y frondosos que están en uno de los camellones de Paseos, con la mirada fija en los carros que pasaban y con la memoria perdida en los pocitos que se le pintan a la Ceci en sus mejillas cuando se sonríe. Te juro que no me di cuenta cuando llegó ese wey al puesto. Antes de quedar en trance, con el olor de la sandía y los labios de la Ceci prendidos en mis recuerdos, sólo vi mucha gente que esperaba el RTP y a esos camiones que van a San Ángel, Copilco y Viveros. Algo tronó cerca de nosotros, igualito a los cuetes que lanzan en las fiestas a nuestra Señora de Santa Lucía allá, en el pueblo. Pa pronto todo mundo se lanzó al suelo, la calle se llenó de cuerpos regados por todas partes y se escuchaban gritos de susto, de pánico. El viento ya no jugaba entonces con el aroma de las sandías sino que comenzó a regar olor a polvora. Cuando abrí los ojos vi de cerquita el pasto, hasta vi un caracol que, imagino, trataba de entender qué jodidos hacía yo allá abajo, mirándolo de cerquita. Levanté los ojos y busqué pa pronto a la Josefina. No la vi y la verdad me asusté. Poco a poco me fui levantando, miraba pa todos lados, no fuera a ser que de nuevo comenzara la tronadera y, cuando vi que los demás ya estaban de pie, me entró la confianza y crucé la calle. Cuando llegué a la camioneta, ahí, justo debajo de las sandías, estaba el cuerpo de ese wey, con un buen de agujeros en el pecho y en la cara. Corrí pa delante de la camioneta a buscar a la Josefina y estaba ahí dentro, llorando, tirada debajo del volante, azorrillada entre los pedales de la camioneta. Abrí la puerta y le pregunté que había sucedido. Salió como pudo y se abrazó a mí. Me dijo que un carro gris, de esos grandotes, lujosos, se había parado a preguntar cuánto costaban las sandías y que de pronto unos fulanos habían abierto el cristal trasero del carro y comenzaron a dispararle al wey. Ella nomás atinó a correr pa dentro de la camioneta y se había puesto a rezar en voz alta.
La gente comenzó a llegar a la camioneta. Todo mundo gritaba, las viejas lloraban y algunos weyes le llamaban a la patrulla y a la ambulancia. Mucha, mucha gente, no sé de dónde sale tanta gente cuando hay una desgracia, es como si alguien moviera cada pedacito de tierra y de ellos brotaran las personas. Yo pa pronto pensé, bueno fuera que todos me compraran una rebanada de sandía, con eso salvaríamos la venta… pero no, nadie se iba a ocupar en ese rato de tragar sandía en medio de tanta sangre, ni por mucho que fuera el calor, ni por mucha que fuera el hambre.Nadie se iba a tragar una rebanada de muerte.
Ahí se quedaron todas las sandías, bien acomodaditas, una detrás de otra, observando desde la camioneta y su exacta simetría cómo la muerte jugaba con el viento de la tarde, cómo el miedo llenaba a la gente y le espantaba calor y sed. Todos, con el hocico seco, mirábamos el cuerpo de ese wey tirado mitad en la banqueta, mitad en la avenida, con los ojos clavados en el cielo azul, un azul como no es costumbre ver en esta ciudad. Ya no vendimos nada, todo lo tiramos a la basura, todo, todo se había quedado, salado por la muerte.

jueves, mayo 15, 2008

martes, marzo 11, 2008

Canto, letanía (o cómo despedirse del DF sin mentarle la madre)

El largo pasillo a casa,
el patio central del San Carlos,
el despacho de la abuela,
el recibidor del kinder de los niños,
Avenida Chapultepec,
la colonia Roma entera,
Cuauhtémoc, Insurgentes,
Balderas, Etiopía,
Tacubaya y el Zócalo,

el messenger y el ciberespacio,
la banca del parque Luis Cabrera,
la fondita de doña Aurora,
los tacos del jarocho,
el Oxxo, el Seven Eleven
y el puesto de periódicos de Javier,

el andar entre hoteles y hospitales
con el deseo de vender alguna pulidora,
el sol de la tarde
y el frío de la noche,

los brincos de Chato y Nene
por la calle Chihuahua,
los recuerdos de la calle Nápoles,
la plaza Río de Janeiro a las ocho
de la mañana,

este depa testigo de mi regreso
después de siete años,
con dos hijos y una familia rota
como la de Lilo pero sin Stitch,
porque nuestro Stitch
decidió que no había vivido lo suficiente
y se marchó con los alienígenas
a explorar otros espacios,

mis libros, mi estudio
y el patio en Santa Lucía,
los versos que aún esperan,
Paz, Kundera, Unamuno,
Reyes, Bataille,
poetas y filósofos de toda la historia
aquí, conmigo,
a oscuras, en silencio,
con los cigarros a punto
de terminar y el café en la estufa,

mi cabeza en medio del todo
y de la nada al mismo tiempo,
mi cabeza, mi vida, mi destino
que pende de un hilo
justo a los treinta y seis,
el temor que circunda los cuarenta,
la impotencia del desempleo,
la sorpresa de haber visto
y presentido la muerte
en pleno Octubre,

Chato escribiendo sus primeras palabras,
Nene cantando y con el sueño
de ser líder de una banda de rock
cuando sea grande,
de nuevo yo en medio de las calles
del DF persiguiendo el pan nuestro,
con el sudor confundido con las lágrimas,
con el coraje de ser y no ser
al mismo tiempo,

el teléfono de la esquina,
la voz de mi padre
que me infunde ánimos para seguir,
la voz de mi carnal
preguntando por los niños,
la voz de mi madre
con su enojo reprimido,
la voz de Andrés
en algún punto del mapa,
la voz de Juan Pablo
en medio de la soledad,
una soledad que nos arrastra,
nos azota y nos arranca
las lágrimas de los ojos,

de nuevo yo en la esquina
del depa,
frente a una pantalla
que me observa silente,
de nuevo yo y este pinche
corazón que parto en cachitos
para ya no sentir,
porque ya no quiero sentir,
porque ya no quiero seguir llorando
ni temiendo, ni extrañando,

no quiero nada,
¡ya no quiero nada!
todo ha sido dado
y en respuesta la nada,
en respuesta descubrirme
durante la madrugada
sentada en el rincón izquierdo
de la habitación,
a las tres de la mañana,
a la hora en que mis ojos se abren
para mostrarme una realidad oscura,
tragándome las piernas de los recuerdos,
mordiendo pedacitos de Monterrey
mientras escucho a los Hombres G,

y este silencio,
este maldito silencio
que se hace enjambre en los oídos,
miles de abejas
devorándome por dentro
aunque los Hombres G canten
yo te necesito,
aunque Jarabe de Palo diga
que hay dos días en la vida
y Pavarotti busque sanarme las heridas
con su voz,

¡Malditas las lágrimas
que no me dejan continuar!,
¡malditos los cachitos del corazón
que ahora gritan más fuerte,
todos juntos uno solo!,

una
sola
yo
en
medio
de
la
noche…

y la noche abre sus fauces,
gran puta alcahueta
de pasiones reprimidas,
la noche y los ruidos
del café de allá afuera,
la Avenida Álvaro Obregón
con sus ambulancias
y trasnochadores,
yo, de nuevo,
con el celular en las manos
esperando que suene,
un cigarro,
y otro cigarro,
y otro cigarro
y un café con el cigarro
y pensar y pensar y pensar
y pensar lo mismo, lo mismo, lo mismo,
y otro cigarro y un ¡chingada madre,
estoy harta de lo mismo, lo mismo, lo mismo!
No quiero ser hija de la mediocridad,
no quiero ser prima del conformismo,
y afuera la noche y la amenaza
del día que se acerca para ser lo mismo,
lo mismo, lo mismo,
porque a mis treinta y seis
aún no sé para qué demonios vine,
diez años en el DF
y siempre fue lo mismo, lo mismo, lo mismo,
confirmar cómo las palancas dan empleos,
cómo las mafias benefician a sus integrantes
y condenan a sus enemigos,
diez años en los que aprendí lo que signfica perder
y vivir en un hotel y otro hotel y otro hotel,
y observar cómo los sueños se estrellaban
en la Doctores, sentir cómo los espacios
lentamente se achicaban,
y concluir que, como cantaba Mecano,
aquí en el DF sólo fui aire,
oxígeno, nitrogeno y algo, sin forma definida…

jueves, enero 31, 2008

Sin Título (Aún)

Te digo que no me di cuenta qué sucedió, lo que sí es que fue muy incómodo llegar con Laura y sentir que todo mundo me miraba, como acusándome de algo. Llegué y los oficiales de la entrada se me quedaron viendo por largo rato. Yo no supe qué decir, pregunté por Laura y justo en ese momento ella salía de su oficina. Tomé la pluma y me registré. ¡Rayos! Hasta yo misma me acusaba de algo, tal vez de mi distracción, porque bien sabes que soy muy distraída ¡carajo! Como aquella vez que me salí del cine y dejé a las muchachas allá dentro. Me di cuenta de que algo me faltaba cuando ya estaba afuera y tuve que llamar al celular de Mary para que saliera por mí, pues ella traía las entradas. Pero hoy por la mañana fue el colmo. Me pasaron a la sala de espera porque Laura andaba en el segundo piso, me senté y había un señor en una de las computadoras, al parecer catalogaba libros. El señor, sin despegar el rostro de la pantalla, levantó la mirada y me observó, segurito y hasta él se dio cuenta. Yo hice como que no lo vi y quesque miraba los libreros enormes que estaban frente a mí. Me levanté y leí el lomo de algunos, libros de historia, de poesía, de Paz y de Sabines. Miré de reojo y vi que Laura salía de su oficina, sólo me atiné a preguntar ¿y ahora que qué jodidos hago? Era un hecho que Laura me saludaría como siempre y por tanto se daría cuenta, así que sólo atiné a alejar el brazo de mi cuerpo y ponerla sobre aviso, ¿Qué tienes? ¿Estas enferma?, me preguntó con esa sonrisa amable que tiene, No, es sólo que…, le respondí sin saber cómo terminar la frase, ¡Ah, ya! Me dijo y su sonrisa se desvaneció. Se sentó frente a mí, lo más lejecitos que pudo, y así estuvimos platicando hasta que mi autocrítica me obligó a dar por terminada la charla. De nuevo alejé el brazo de mi cuerpo, me despedí de Laura que, para consolarme, comentó que no me preocupara pues eso significaba buena suerte. Los oficiales me observaron como preguntándose qué había sido lo que me había pasado, y salí casi… no, no casi, salí corriendo.
De regreso al metro, me fui por la calle en la que había comenzado todo. Caminé lentamente y estuve observando balcones, techos, ventanas… pero nada, no había algo que me dijera quién o qué lo había hecho. Eran cerca de la una de la tarde. Tú bien sabes que a esa hora el metro va hasta su madre y comencé a trazar un plan para llegar pronto al depa. Para colmo, el metro se tardó buen rato en balderas. Yo iba replegada en una esquina, ocultando mi brazo y disimulando mi autocensura, pues ni eso bastó. Todo mundo buscaba algo y ese algo me señalaba y el metro nada que avanzaba. Ya a las quinientas el metro cerró las puertas y avanzó, ¡sí, cerró las puertas! y entonces a nadie le cupo la menor duda y todo mundo me miraba. Cuando llegué a Niños Héroes salí corriendo del vagón. Pensé que en la calle ya nadie se daría cuenta, pero no, mientras yo avanzaba la gente que quedaba detrás de mi marcha giraba la cabeza y seguía mis pasos con la mirada. Atravecé un mercadito y la gente que estaba comiendo pambazos y quesadillas de pronto dejó de comer. Cuando llegué a Álvaro Obregón yo ya corría. Faltaba poco para llegar al depa. Justo en la esquina de Chihuahua, había mucha gente comiendo tortas, ¡pa su madre! Me dije, bajé de la banqueta, corrí al portón y abrí desesperadamente.
Ya en el depa no me detuve a ver cómo había quedado mi blusón, sólo alcancé a ver una gran mancha color verde que había dejado incluso rastros de haber escurrido. Bien sabes que la caca de pajarito no huele y ésta ¡Santa Madre de Dios!, ésta hedía, apestaba, hasta ganas de vomitar me dieron. No sé, no sé qué sucedió ni qué fue, de lo que sí estoy segura, es de que no fue un pajarito el que me cagó encima.

sábado, diciembre 22, 2007

Arturo Pérez-Reverte y Luis Sinco: Coincidencias en campos de batalla

“La verdad está en las cosas, no en nosotros,
pero nos necesita para manifestarse”
Arturo Pérez Reverte


Hace algunos meses leí El pintor de batallas de Arturo Pérez-Reverte, editado por Alfaguara. El pintor de batallas es una historia que muestra al lector el caos en el que se vive actualmente, un caos que encierra también amor, arte, ciencia, lucidez, soledad y guerra… sí, la guerra.
Pérez Reverte da muestra clara de que el pasado nos persigue y, en algunas ocasiones, nos alcanza. Tal es el caso de Faulques, fotógrafo reconocido, ex corresponsal de guerra, que después de varios años se encuentra con Ivo Marcovik, un soldado a quien fotografió en Vukovar, Croacia. El encuentro es peculiar porque es Marcovik quien, por años, busca a Faulques y, cuando lo encuentra, le reclama el hecho de que por la fotografía tomada su vida cambió radicalmente. Con la llegada de este personaje, la memoria de Faulques retoma escenarios sangrientos vividos en las guerras que el pintor presenció junto a Olvido, una ex modelo que se convierte en el amor de su vida y quien muere al pisar una mina. Ivo Marcovik ha regresado del pasado con un solo objetivo: matar a quien le fotografió durante una de las batallas y con cuya foto aumentó su fama.
Retomo la lectura de El pintor de batallas porque hace unas semanas, en la revista Proceso del 25 de Noviembre, salió un reportaje en la sección Internacional /Estados Unidos titulado La guerra interior de Miller y que habla precisamente de algo muy, muy semejante a lo que Pérez-Reverte trata en El pintor de batallas. Así como en la novela del autor nacido en Cartagena es Faulques el fotógrafo que toma la gráfica de Marcovik, en La guerra interior de Miller es Luis Sinco, fotógrafo del diario Los Ángeles Times, quien captó el rostro del sargento estadounidense James Blake Miller, después de un cruento combate en Falluja, Irak.
Cuando encontré el texto de Luis Sinco y comencé su lectura, de inmediato llegó a mi cabeza la novela de Arturo Pérez-Reverte, más aún cuando leí el inicio. Observen la similitud:
El pintor de batallas, Arturo Pérez-Reverte:
“… Acababan de correr cuatro kilómetros con los tanques enemigos pegados a las botas, y entre la reverberación del sol sobre el camino se movian ahora con extrema lentitud, casi fantasmales, sin otro ruido que el retumbar sordo de las explosiones lejanas y el roce de sus pies sobre la tierra… Faulques, al pasar junto a ellos, decidió registrar la imagen de aquella extenuación… dejó pasar varios rostros y eligió el tercero a través del visor, casi por azar: unos ojos claros extremadamente vacíos, unos rasgos descompuestos po el cansancio, la piel cubierta de gotas del mismo sudor que apelmazaba sobre la fente el pelo sucio y revuelto, y un viejo AK-47 apoyado con descuido sobre el hombro derecho, sostenido por una mano envuelta en un vendaje manchado y pardo. Después el obturador hizo clic.” (p 30-31)

La guerra interior de Miller, Luis Sinco:
“El joven marine encendió un cigarro y lo dejó colgar de sus labios. Un humo blanco envolvió su casco. Su cara estaba embadurnada con pintura de guerra. Goteaba sangre de su oreja derecha y del puente de la nariz. Ensordecido momentáneamente por la detonación de los cañones, no se dio cuenta de que el tiroteo había cesado. Miraba fijamente la salida del sol. Su expresión captó mi atención. Me decía que estaba aterrorizado, exhausto y simplemente contento de estar vivo. Reconocí esa mirada, porque yo me sentía igual. Levanté mi cámara y tomé algunas fotos.” (p 36)

Y las semejanzas continúan:
El pintor de Batallas:
“La foto se publicó cuatro semanas después, coincidiendo con la caída de Vukovar y el exterminio de sus defensores, y aquella imagen se convirtió en un símbolo de guerra. O, como concluyó el jurado profesional que la premió con el prestigioso Europa Focus de aquel año, en el símbolo de todos los soldados de todas las guerras.” (p 31)

La guerra interior de Miller:
“Con el clic de un disparador, el sargento James Blake Miller, un muchacho campirano de Kentuky, se convirtió en el emblema de la guerra de Irak. La imagen habría de cambiar dos vidas: la mía y la suya.” (p 36)

Una de las diferencias que marcan ambas historias, es el motivo del encuentro entre los fotógrafos y los soldados. Mientras que en El pintor de batallas es Ivo Marcovik quien busca a Faulques para matarlo (claro, después de conocerlo bien, dice el personaje), en La guerra interior de Miller es Luis Sinco quien, por órdenes de los editores del periódico para el que trabaja, busca al marine Marlboro “para darle seguimiento a la historia”. En la novela de Pérez-Reverte, Ivo Markovic desea conocer a quien lo hizo famoso, en el texto de Sinco, es el fotógrafo quien debe de alguna manera proteger a quien se ha convertido en un héroe valiente: “Las mujeres quieren casarse con él. Las madres querían saber si era su hijo.”
De igual manera, en ambas historias existe el desconocimiento por parte de los fotógrafos de los nombres de esos a quienes han fotografiado y lanzado a la fama. Ese es uno de los reproches que Markovic hace a Faulques: “…Usted hizo una foto a un soldado con quien se cruzó un par de segundos. Un soldado del que ignoraba hasta el nombre. Y esa foto dio la vuelta al mundo. Luego olvidó al soldado anónimo e hizo otras fotos. A otros cuyo nombre también ignoraba, imagino.” (p 41) En su narración, Luis Sinco apunta: “Yo ni siquiera sabía su nombre. Impactado por el tiroteo y exhausto, simplemente identifiqué a Miller como “un marine” y apreté “enviar”. (p 38)
En la novela de Pérez-Reverte el soldado es un personaje que, aunque con recuerdos crueles y una vida destrozada por la guerra, se mantiene fuerte en sus convicciones. Es como si el paso de los años y la carga de esos recuerdos le hayan proporcionado fortaleza y frialdad. En cambio, el marine de la historia de Sinco, regresa a casa después de la guerra y sufre de desorden de estrés postraumático. Mientras en El pintor de Batallas Ivo busca a Faulques para matarlo, en La guerra interior de Miller es el fotógrafo quien de pronto se descubre a cargo de Miller, quien poco a poco termina con su vida consumiendo drogas, alcohol y abandonando tratamientos médicos.
De esta manera, los fotógrafos de ambas historias, a pesar de haber obtenido el reconocimiento mundial por su arte, enfrentan la terrible responsabilidad de cargar con el pasado, un pasado que retorna a ellos en el rostro de soldados que llevaron a la fama con su cámara, rostros de la guerra, héroes que, dígamoslo así, tuvieron la suerte de ser conocidos por el resto de la humanidad y se salvaron del anonimato. Se debe mencionar sin embargo una diferencia entre ambos soldados: Mientras que Miller obtuvo el reconocimiento nacional y el apoyo incluso del gobierno de los Estados Unidos, mismo de derrochó y desaprovechó debido a su enfermedad; Ivo Markovic fue un soldado que fue sólo famoso en el momento en que se publicó su fotografía. Después de eso ni el mismo Faulques lo reconoció.
El punto de unión de ambas historias es la guerra, su crueldad, sus escenas terribles con cuerpos destrozados y sangre derramada en los campos de batalla; y encontramos también la historia de miles de hombres que son envíados a esos campos a combatir guerras inexplicables para, después, si tienen suerte, regresar a casa cargando el recuerdo de amigos y compañeros muertos, rostros ensangrentados que serán compañeros de pesadillas y transtornos mentales. Para estos hombres, como para los fotógrafos y corresponsales de guerra, la vida ya no será nunca igual. Su vida se quedó, sin ellos pedirlo, en alguno de esos enormes campos de batalla.




Arturo Pérez-Reverte, El pintor de batallas, editorial Alfaguara, México, D.F., 2006, pp 301.
Proceso, Semanario de información y análisis No. 1621, La guerra interna de Miller, Luis Sinco, México, D.F., número correspondiente al 25 de noviembre del 2007

martes, septiembre 11, 2007

La vida, la vida, la vida qué es la vida...

Últimamente las mañanas son frías, nubladas y amanecen con rastros de lluvia sobre el pavimento. Debo confesar que con mañanas como éstas, me resulta un tanto difícil abandonar el sueño y levantarme para los quehaceres cotidianos. Precisamente, inmersa en estas divagaciones en torno a la pereza y escuchando esa rola de El Gran Silencio, Dormir soñando…

“La vida, la vida, la vida qué es la vida
En tratar de comprenderla se nos va la propia vida…
Llena tu maleta de responsabilidad
Deja para mañana tu personalidad…”

…mis ojos encuentran una ventana que deja ver un foco encendido en lo que imagino una sala. De pronto un anciano asoma su rostro por esa ventana y se queda ahí, parado, observando detenidamente el ir y venir de los que en la calle andamos…

“La gente sólo observa la ropa y los hechos
más nunca siente lo que hay dentro de tu pecho…”

Sin saber por qué detengo mis pasos y trato de imaginar la vida de ese anciano.

“No estoy tan convencido de vivir en esta vida
no estoy tan convencido de vivir…”

¿Quién será? ¿Qué nos observa? Y la imaginación vuela. A cierta edad el hombre comienza por atender más cada uno de los momentos que pasan, se fija más en los detalles, en los minutos y sus sentidos se acentúan. Esto es lo que le sucede a Ernesto (así he nombrado a mi personaje), un anciano que vive con su única hija y sus nietos en un modesto departamento de Santa Lucía. Y Ernesto se acerca todas las mañanas a ver por la ventana esa vida que lentamente se le escapa. Ve a los niños tomados de la mano de la madre que los guía rumbo al colegio, a trabajadores y estudiantes con sus mochilas repletas de sueños y esperanza –la esperanza es un espejismo, se dice, un estado que se nos enseña a sentir para no desfallecer, para no ver la realidad – a mujeres formadas en la fila de la lechería y la vendimia que se establece en la banqueta y, por último a microbuses que llevan dentro de sí a un montón de personas que, incluso, van colgando de la puerta. Esta es la vida que se le escapa a Ernesto, estos son los momentos que añora vivir de nuevo pues, a cierta edad, el hombre comienza a temer, a aferrarse, a sufrir el apego aprendido durante muchos años.
Y Ernesto se queda ahí, frente a la ventana, mientras yo voy rumbo al trabajo a perseguir la parte de sueños que me corresponde, cargando mi maleta de responsabilidades y de una esperanza que poco a poco se congela dentro de mí, porque también, a cierta edad, el hombre es injusto y ciego con lo que posee y solamente se da cuenta de lo que tiene cuando encuentra a un anciano solitario mirando fijamente detrás de una ventana.

jueves, septiembre 06, 2007

lunes, septiembre 03, 2007

De Creedence a la fecha

Ayer domingo estuve escuchando algo de música por la noche. Escuchaba Creedence y de pronto comenzó a sonar ¿Has visto alguna vez la lluvia? Y, despuecito, Orgullosa María para seguir con Cementerio de Trenes… La primera imagen que me llegó a la cabeza fue la figura de mi madre bailando al centro de la sala de aquella casa de mi infancia. Mi madre… en aquellos años su figura delgada, sus anteojos de moda y una sonrisa que iluminaba su rostro cuando escuchaba Creedence y comenzaba su clase de baile para mis hermanos y para mí. Y aquí sigue, en mi cabeza. Por la ventana entraba ese sol lechoso de las mañanas de fines de semana, esas mañanas típicas en el Estado de México, frías y en espera de que papá llegara del servicio militar.
No sé cuando se fueron esas mañanas, no sé en cuál esquina dieron vuelta y me dejaron aquí, con un sin fin de recuerdos en la cabeza y con la impotencia de saber que jamás, sí, jamás regresarán esos tiempos. Hace poco platicaba con mi hermana Sandra y recordábamos precisamente nuestra infancia, una de las épocas más hermosas de nuestras vidas. Lejos estábamos de saber realmente el significado de la palabra vida, a millas de distancia nos encontrábamos ella, mi hermano Antonio y yo de preocupaciones económicas, de responsabilidades como padres y de dolores que, justamente, el vivir trae consigo. Algunas de las preocupaciones de nuestra infancia era saber quién cazaría más moscas en su frasco el siguiente fin de semana, que el peluchín o el solovino (perros que custodiaban la calle en ese tiempo) no nos fuera a salir de pronto o que los doberman de la tortillería que se encontraba más allá del llano, no fueran a escaparse y nos fueran a dar un susto. Quién iría dentro del carrito de mandado al mercado y que a mamá le alcanzara el dinero para que nos comprara un esquimo de regreso; el que no se nos enredara el estambre con el que mamá hacía sus arreglos para el baño (los cuales vendía a precios económicos) o sacar a nuestro intento de san bernardo que buscaba ocultar su miedo entre la ventana y el protector cada que la parroquia de la colonia celebraba la fiesta patronal y lanzaba desde cuetes hasta palomazos o saber quién de los tres llegaría primero en su carrera a recibir a papá, cuando su uniforme verde militar asomaba al final de la calle. Esas eran nuestras “grandes” preocupaciones, esas y pasar las materias de la primaria con un buen promedio… Ahora, con el tiempo detrás de nosotros, ya convertidos en padres y con otras responsabilidades, las preocupaciones son otras, los dolores más agudos y los temores enormes.
Y aquí, frente a la computadora, con las lágrimas empañando mis anteojos y el recuerdo de mi madre y mis hermanos a mitad de aquella sala, cierro los ojos y me dejo llevar por la memoria porque sí, últimamente he sentido unas ganas enormes de huir al pasado. Imagino y deseo de pronto abrir los ojos y despertar en la que era mi recámara y encontrar el cielo azul de aquellas mañanas en mi ventana, escuchando a lo lejos el golpeteo de cacerolas y vasos en la cocina que anunciaban que mi madre ya se encontraba de pie mientras mi hermana Sandra dormía, pequeñita, en la otra cama. Lo único que me ayuda a permanecer en esta alternativa que acepté vivir, son Pablito y Samuel, mis hijos, mis compañeritos de batalla, mi vida entera. Con ellos he aprendido y estoy aprendiendo a vivir y deseo de todo corazón que, en un futuro no muy lejano, ellos también recuerden su infancia como la etapa más hermosa de su vida.
Mientras tanto llevo a cuestas mis recuerdos, la memoria entera, y aunque lejos, parte de mi corazón se encuentra en Monterrey, con mis padres, mis hermanos… mi sangre…
Algún día, sí, algún día todo volverá a ser como antes…
Así sea.

jueves, junio 14, 2007

De Mixcoac a Tacubaya y de Tacubaya a Cuauhtémoc

A Chatito (Pablo) y Nene (Samuel)
Mis compañeros de batalla...


clap clap
clap clap clap clap
clap clap clap clap clap
clap clap clap clap clap clap
...
Anda chatito, Nene no corras
denme la manita...
...
clap clap clap clap
clap clap clap clap clap
clap clap clap clap clap clap
...
Mami, ¿te digo una cosa?
¿Qué pasa chatito?
Ya me aburrí...
ya vamos a llegar al kinder, tranquilo...
...
clap clap clap clap
clap clap clap clap clap...

Y todo mundo con la vista clavada hacia un punto de la nada, esparcidos en los pasillos que conectan la línea naranja con la rosa en este metro del Distrito Federal, que oculta tantas historias y que muestra otras de manera cruel y deshumanizada.
Los periódicos gritan ejecuciones, dudas en torno a la selección y marchas en las principales avenidas de esta gran ciudad. Todos vamos detrás de algo que no logramos alcanzar.
Corremos.
Aquí en el DF no se camina, se corre, se vive aprisa y el calendario se le escurre a uno por el cuerpo hasta dejarlo todo arrugado, con los ojos siempre en ese punto fijo que nos llama y que se nos escapa cuando a punto estamos de alcanzarlo.
En esta parte del metro, a las 7:30 de la mañana, sólo se escucha el clap clap clap de las pisadas de todos. Es el quejido de nuestros zapatos que, acostumbrados al rutinario ir y venir, gritan en pasillos, escaleras eléctricas y al abordar el vagón del metro, breve espacio de un descanso añorado por zapatos y transeúntes. Si alguno de ustedes ha escuchado LINKS de Ramstein, pueden comparar el clap clap de estos pasos desmañanados de las estaciones del metro, con las que en esa rola se escuchan.

clap clap clap
clap clap clap clap
clap clap clap clap clap
...
Chatito, nene, apúrenle... Ahí viene el metro...

viernes, mayo 18, 2007

¿Dónde están?

¿Dónde están Gamaliel López, Gerardo Paredes? Compañeros, colegas...
Desde esta parte de México,un México en el que aún se cree en la libertad de expresión, en el ejercicio libre del periodismo; un México que rechaza la violencia, los secuestros, el caos... desde esta parte de México, elevamos nuestras oraciones para que nuestros compañeros pronto aparezcan.

A través de este blog, envíamos nuestro apoyo a las familias de Gamaliel y Gerardo. Exigimos, como ciudadanos, que las autoridades correspondientes agoten los recursos para localizarlos. Como periodistas exigimos que las condiciones para ejercer nuestro trabajo sean propicias, alejadas de esa búsqueda por truncar nuestra labor, por atemorizar e intentar callar y ocultar la verdad, la noticia siempre objetiva.

¿Dónde están Gamaliel y Gerardo? ¿Cómo están? A estas interrogantes de nuestra gente de Monterrey nos unimos, esperamos su pronta respuesta y, especialmente, deseamos que nuestros compañeros aparezcan con bien.

Ocho días de incertidumbre, de preguntas sin respuestas, de unir nuestras voces y exigencias, ocho días que se han tornado en un largo mutis, en una eternidad, porque la espera, en estas condiciones, suele desembocar en la desesperación y en la angustia por parte de quienes esperan. Y esperamos, sí, esperamos con la esperanza de que nuestros compañeros regresen.

Por favor, cualquier información que se tenga, comuníquenla a las autoridades correspondientes. Solicitamos la ayuda de la gente, esa gente que día a día recibió en su televisor la imagen y la noticia de Gamaliel y de Gerardo.

¿Dónde están?

Elevamos nuestras oraciones para que pronto aparezcan.

jueves, mayo 10, 2007

De andares y pasarelas en las estaciones del metro

De Observatorio a Cuauhtémoc, de Cuauhtémoc a Pino Suárez y de nuevo a Insurgentes; y de Insurgentes a Tacubaya... En la que sea, de estación en estación podemos observar toda una diversidad de formas de caminar. Diversos estilos se imponen en la antesala de los vagones del metro. El público cautivo es fiel testigo de ese ir y venir y es jurado principal de esa enorme pasarela. Sin pretender hacer un ensayo en torno a las formas de caminar, observemos sólo algunas, las más encontradas y las más aplaudidas.

El atleta: Este tipo de personas, atraviesan las estaciones del metro corriendo, atropellando a cuanto cristiano se les ponga en el camino. Ya sea en botas, en tacón, en chanclas o tenis, estos atletas del metro se encuentran siempre en competencia con el tiempo.

Las pati pamí: Maestras de la osadía, este tipo de chicas utilizan los pasillos que conectan las estaciones como pasarela de moda. Se contonean, paran las pompas y mueven su figura de manera “sensual” al estilo patí pamí, atrayendo la mirada de los “jueces” que caminan a su alrededor. Con esta forma de caminar se puede observar también la moda en la ropa de dichas chicas, que se enfoca principalmente a micro minifaldas, pantalones entallados que dejan ver su ropa interior y blusitas pegadas al cuerpo.

Los paciflorinos: Este tipo de personas utilizan las estaciones del metro como una especie de parque subterráneo, en el cual pueden caminar de la manera más relax que uno pueda imaginar. Mientras los atletas pasan corriendo a su lado, llevándose, si no es que aventando a los paciflorinos con la velocidad de sus pies, los paciflorinos caminan contemplando paredes, negocios y ventanales, pareciera que hacen un estudio detallado de cómo entra la luz solar por el techo y de cuáles son las causas de que las escaleras eléctricas de pronto no funcionan en estaciones como Constituyentes o Mixcoac.


Los rockeros: Este tipo de personas, principalmente chavos, caminan por las estaciones del metro, llevando el ritmo de la música que escuchan en la cabeza o en las manos. Se mueven como si estuvieran en pleno concierto de rock y su andar es intermedio, es decir, ni van aprisa ni estorban el camino como los paciflorinos. Este tipo de andares se pueden observan principalmente en la línea verde, CU – Indios Verdes.

Los de trenecito: Principalmente gente de la tercera edad que camina lento, pero seguro (que llegan) Podemos encontrar este tipo de personas pegadas al lado derecho de los pasillos que conectan dichas estaciones.

Con complejo de grúa: Generalmente madres de familia que llevan de la mano a sus niños. La mayoría arrastra a sus pequeños en su afán por llegar pronto a su destino. Su caminar se ubica en el estándar intermedio.

Los extraviados: Uno puede descubrir este tipo de andares fácilmente, ya que generalmente quienes se ubican en este estilo del caminar ven para todos lados, buscando algo en el nombre de las estaciones. Su andar entra en la clasificación de los paciflorinos.

No hay que olvidar a ese tipo raro de chavos que, aunque no caminan, pasan horas y horas sentados en las estaciones del metro, principalmente en el pasillo de abordar, pegados siempre a la pared; o a esas otras personas que esperan a alguien en la señal generalizada: debajo del reloj. Ambos tipos significan también personajes esenciales en las estaciones del metro del Distrito Federal.
Mi andar se ubica entre los atletas y los rockeros, siempre ando a la corre y corre pues el tiempo no me alcanza. Entre la escuela de los niños, llegar a casa y encontrar un empleo, el tiempo siempre hace de las suyas con mi tiempo... es algo complejo, y para correr a gusto, siempre traigo puestos los audífonos, escuchando a los Red Hot Chili Peppers, Ramstein o música que me invite a correr, porque si uno no corre en esta gran ciudad, corre el riesgo de que la marea de gente se lo lleve.

sábado, enero 27, 2007

Sin Título

I

Tras la noche
los perros,
avalancha del deseo
calle abajo.

Revienta la lluvia
y mi rostro
inmerso
en la almohada.

II

Pupilas de mar profundo
a b i e r t o.
Apenas una gota
que desata la lluvia,
apenas un roce
en cada extremo de la cama.

viernes, enero 05, 2007

Cambiando de tema y continuando con el año: Un mal cotidiano

Para todos aquellos que sufren de MALA VIDA
Para Fabián y Juan Pablo
Con cariño

Bueno, tal vez sea muy rápido cambiar de rola y de tema, pero bueno, el mal de amores es un tema cotidiano, todos lo sufrimos de alguna u otra forma. El amor... vaya tema tan complicado, vaya tema tan escabroso, sentimientos y razón en franca lucha, sentimientos que de pronto se ven abandonados, desplazados, pisoteados.
Dicen por ahí que el amor es sólo un estado en el que nos sentimos ligados a las personas porque nos hacen sentir bien ¿Hasta dónde debe uno soportar cuando ama? ¿Qué tanto debemos aguantar en nombre del amor? El amor es ciego, claro, pero aún con la venda en los ojos se sienten los chingadazos ¿o no?
Ante todo uno debe permanecer ecuánime (claro, si quedan ganas para ello), tranquilo, pensar con la cabeza fría, comportarse indiferente... Tal vez sea algo difícil porque el sentimiento es más grande que la frialdad que podamos llegar a tener, más no es imposible dar un poco de su propio chocolate a quien nos hace sufrir.
Abandono, olvido, desplazamiento, dolor... porque duele, en verdad duele cuando a uno, por más que se esmera, lo pisotean, lo desplazan ¿será la forma de demostrar amor de quien amamos? ¡Vaya forma, carajo! ¿No será mejor intentarlo y ver qué sucede? ¿No será mejor valorar lo que se tiene en lugar de andar buscando donde, tal vez, no se encuentre? Amor, amor, maldito y bendito al mismo tiempo.
Yo he decidido, cabalmente, este año NO enamorarme, seré yo, luego yo y para la posteridad yo. Tal vez con esta decisión, quien me quiera, logre valorar lo que soy, lo que entrego y lo que significo.
Para que canten la rola, hay les va la letra.

¡Pase lo que pase,
sea lo que sea!

Tú me estas dando mala vida

Tú me estás dando mala vida
yo pronto me voy para escapar
gitana mía por lo menos date cuenta
gitana mía por favor
no me dejas ni respirar
tú me estas dando mala vida

¡Cada día sangra mi corazón !

Dime por qué te trato yo tan bien
y tú me hablas como a un cabrón
Tú me estas dando mala vida

¡Cada día sangra mi corazón !
¡Cada día sangra mi corazón !
¡Cada día sangra mi corazón!
Tú me estás dando...

Tú me estás dando mala vida

Tú me estás dando mala vida
yo pronto me voy para escapar
gitana mía por lo menos date cuenta
gitana mía por favor
no me dejas ni respirar
tú me estás dando...

¡Próxima estación, próxima estación
ESPERANZA,
ESPERANZA!

miércoles, enero 03, 2007

Como dice la rola, Hoy estoy de vuelta, de vuelta de todo, de vuelta de nada... 2007

Pues bien. Tal vez les extrañe la rola que hoy escuchan, algo fuera de lo común para un blog dedicado a la poesía, a la literatura... pero también a la memoria, recuerden eso. La memoria, pisotones que deja el tiempo en nosotros... maldito... Esta rola la escuchaba cuando vivía aún en mi querido, adorado, idolatrado Monterrey (i´iñor). Sonia Silva-Rosas era otra Sonia Silva-Rosas. Los años nuevos le valían madre, sí, le valían madre porque no hacía caso de que el tiempo pasa. Ahora, escuchando esta rola, la invoco (¿Dónde chingados está la condenada?) y al parecer llega poco a poco, con los recuerdos -de nuevo, con la memoria-.
Hace algunos días fui a Monterrey, con la creencia de que estaba como yo lo había dejado hace dos años... mal, Sony, muy mal, porque las cosas y las personas cambian, más aún un lugar como Monterrey. Lo encontré muy cambiado: nuevas avenidas, nuevas formas de comunicación, nuevas personas... todo, todo nuevo, cambiado.
Amanecía cuando el autobús llegaba a mi Monterrey, ese tono azul naranja de las mañanas que avisan su llegada. De pronto, el paisaje se abrió ante mí y dejo ver el Cerro de las Mitras al fondo y, a su lado, el Cerro de la Silla, ¡Dios, qué hermoso reencuentro! Cuando llegué a la central hacía calor (mi hermano me había dicho que hacía mucho frío y llegué hasta con gorrita) y ese aroma... porque cada ciudad tiene su aroma, el de Monterrey es peculiar, es como si cerca estuviera el mar. Para mí, Monterrey huele a memoria, a recuerdos, a mucho amor, demasiado amor...
Creo que cuando viví en Monterrey nunca caminé tanto como ahora que regresé. San Pedro, Guadalupe... el centro, caminé mucho, quería traerme pedacitos de Monterrey en mis zapatos para sentirlo cerca.
Esta rola de Metallica la escuchaba cuando iba en la facultad. Llegaba siempre (primero en mi chevy y luego en mi bocho rojo) escuchándola a todo volumen... Eran otros tiempos, tal vez los mismos tiempos que hoy enfrentamos, de incertidumbre, pero se vivían de otra manera. No sabía lo que me esperaba en el futuro y eso me emocionaba, sólo que entonces yo andaba por los veintitantos y trazaba mi porvenir de otra manera: Estudios en España, seguir escribiendo, publicar, publicar, publicar; seguir mi labor como promotora cultural, a mi lado siempre mis compañeras Luisa, Aracely y las clases... latín, griego eran nuestros cocos, retórica ni se diga. Parrandas con Checo, Julio y Leonel, viajes con mis camaradas, el Armando, Cui, Gabriel, Rodrigo Alemany, Checo Valero y, por aquel entonces, el pintor Fernando Villalvazo. Lecturas, conferencias, presentaciones, publicaciones... el tiempo era otro, mi Monterrey era otro, yo era otra. Ahora, cuando descubro en el navegador esta rola, recuerdo todos esos momentos y me decido: Sonia Silva-Rosas debe regresar de inmediato. No sé cómo demonios le haga pero debe regresar la condenada.
Hoy sigo escribiendo y mi labor como promotora tuvo una pausa que debo reiniciar: el café Lefod, la casa de la cultura Dolores Castro, la Casa del Escritor. Tengo un sin fin de proyectos y nuevos amigos: Fabián, Orfa, Toñito Ramos, Edgar, Dany, Reneé, Alberto Cue, Enrique Romo, Epigmenio y Ale Peart y otros camaradas siguen ahí, en pie de lucha conmigo: Armando, Javi, Raúl Acevedo, Rodrigo Alemany, Tanya y Marco de Fonz, Will Rodríguez, Jorgito Lara, Leomar y Jaime López... tengo un trabajo que me encanta y busco otro. Mi vida, en verdad, ya no es como la de aquella Sonia. Tal vez ahora es más emocionante, llena de retos a vencer (porque soy vieja de retos, de luchas, combates y batallas ¡Tengo mi espada en guardia señores!)y sólo pido que regrese a mí aquella frialdad al hacer las cosas, al organizarlas, al planearlas. Necesito cabeza fría para sentir y caminar, para tomar decisiones y llevarlas a cabo. Necesito fortaleza para levantarme y darle más madrazos a la vida, porque a eso viene uno, a subirse al ring (como dice Jaime) y darle de chingazos a la vida. Estoy decidida a ello ¡He aquí mi espada, señores!
Este año, 2007, será bueno para todos, tengo la seguridad en ello. Este año será el mejor de todos, estoy decidida a ello, le daré un touché a la vida. Es tiempo, lo digo para mí y para todos, de vivir, vivir, vivir. Sentirse vivos, respirar profundo, aspirar el aroma de las mañanas y de las noches, contemplar como yo en estos momentos, la caída de las tardes con su tono azul naranja e imaginar un lugar sin límites, abrir los ojos lo más que se pueda y grabar en la memoria lo que vemos y sentimos, aspirar el aroma de esas mañanas que inician a través de un ventanal y de las tardes que caen, así como yo hago en este momento mientras escucho de nuevo a Metallica y la memoria me escarba la cabeza, mientras me tomo una chela y brindo por la memoria, por los recuerdos que nos recuerdan (¡vaya cosa!) quiénes somos, qué metas nos planteamos en un momento determinado de la vida y que nos traen de nueva cuenta aquellas imágenes de momentos que, definitivamente, eran mejores que los actuales.
¡Ánimo Señores! El 2007 apenas comienza. Su batalla se anuncia en el horizonte de esta tarde que cae. En guardia, a sacar espadas y floretes que la guerra, esa guerra personal, aún no ha terminado. Láncemos juntos un grito de guerra similar al que lanzaban los irlandeses en sus enfrentamientos y vamos, A LUCHAR.
LARGA VIDA A LA POESÍA, A LA PALABRA
LARGA VIDA A TODOS USTEDES
BENDICIONES Y LUZ
Y disfruten de esta rola de Metallica que, de verdad, no tiene madre.

jueves, diciembre 14, 2006

Un poema de Francisco Hernández

El tiempo

El tiempo, eso que yo conozco como tiempo,
no se detiene en las fotografías.
Nada lo relaciona con áncoras
que nunca se desgastan,
incalculables campanadas o granos de arena.
Es ajeno a las migraciones de las aves,
el recorrido de los astros
o el nacimiento y muerte de los hombres.
El tiempo, eso que yo conozco como tiempo,
se mide con tu ausencia.

jueves, octubre 26, 2006

Del amor, del apendejamiento y otros saltos al vacío

Para quienes pierden el corazón en el caos del apendejamiento

El amor es un estado de apendejamiento y sí, voy a comenzar así, de tajo, me vale madre lo que piensen, lo que digan, porque estoy diciendo la verdad. Cuando uno se enamora pierde todo control sobre sí mismo. Damos demasiadas concesiones cuando nos encontramos apendejados... Es como darle al enemigo la daga con la que cortará la yugular llena de sangre estúpida, idiota, perdida en algo que nos empeñamos en llamar amor y que no es otra cosa más que apendejamiento, porque el espíritu, nuestro espíritu, el real, no se encuentra en sí, se encuentra divagando quién sabe dónde, y por más que uno lo invoca el muy cabrón se niega a presentarse de la forma en la que se encontraba hasta antes de conocer al cabrón o a la canija que nos lo robó. Entonces llegan las decaídas, las depresiones. Valoramos demasiado tarde lo que antes poseíamos y añoramos los viejos tiempos, esos en los que los camaradas nos ayudaban a salir del apendejamiento (léase enamoramiento), momentos en los que ellos daban los ánimos necesarios para sobreponerse y salir victorioso, siempre acompañados de las chelas, de borracheras interminables en las que uno desahogaba la pena causada por tal instante de estupidez.
Cuando a uno lo dejan de amar es como si lo arrojaran al camión de la basura. Somos iguales a esas bolsas de desperdicios que entregamos al güey que recoge nuestra basura... Y ahí vamos, exigiendo al olvido nos baje de la ruta que lleva ese pinche camión, invocando el nombre de cada uno de esos camaradas que se encuentran lejos y que en esos momentos son tan necesarios, y también escuchamos a los Héroes del Silencio que nos gritan “somos de la memoria que se va” y sí, nos vamos, pero directito a la chingada con todo y nuestros sentimientos, con el corazón echo bolita y la garganta convertida en un nudo de recuerdos que buscan gritar, gritar el dolor que nos agobia, el dolor que ya no podemos cargar y con el que no sabemos qué hacer. Y los recuerdos se agolpan, uno a uno. Nos rasgan lo poquito que nos queda de corazón y se lo tragan a sabiendas de que su palpitar nos es necesario... Pero eso ya no cuenta, el estado de apendejamiento en el que nos encontramos es tal que ya ni gritar podemos, sólo miramos a nuestro alrededor buscando algo que sabemos de antemano hemos perdido. Es como esas batallas que se luchan sabiendo de antemano que ya nos jodimos, que el juego que estamos jugando nos llevará a perder y aún así apostamos todo, absolutamente todo y, cuando termina, nos restriega en la geta que efectivamente estábamos equivocados al apostar de esa manera...
El apendejamiento... el amor (o lo que es lo mismo, lo que no te mata te hace más fuerte) es un método eficaz para hacer de tu corazón una roca, un músculo que efectivamente llega a no sentir nada, absolutamente nada. Si buscas la manera de ser insensible, enamórate, verás como después de determinado tiempo tu corazón aprenderá a no sentir, a ver pero no llorar, a invocar recuerdos y a desafiar al tiempo con tal de que regrese en sus pasos para estar de nuevo con quienes deseas estar en esos momentos tan crudos... tan vacíos. En mi caso es escuchar y escuchar “La sirena varada” de los Héroes del Silencio. Es sentir de nuevo la presencia de mis camaradas, de mis compañeros de borracheras interminables, de aventuras que me llenaban y me hacían sentir viva. Es sentir cerca al Armando Alanís, a Cuitláhuac y al Gabriel, es buscar en la memoria aquellas desveladas con el Checo González, con el buen Julius, con Ricardo (que en paz descanse) y Leonel, es recordar viejos tiempos, momentos que aún guardo en mi corazón y en mi memoria, como si fueran la pócima regalada por algún druida poderoso... Viajes: Veracruz, Morelia y el intento de arrojar por la ventana la televisión de alguna habitación, aquel correr por sus calles y caerse por traer tanta charanda encima. Correr, correr por la vida que nos fluía por la sangre, por aquella juventud que aseguraba que éramos individuales, libres de hacer lo que quisiéramos porque el mundo era nuestro y le podíamos dar cuantas mordidas se nos antojaran y pensábamos jamás se nos acabaría... Pero heme aquí, que el mundo se me ha terminado porque caí en un estado de apendejamiento del que no he encontrado la salida, del cual no sé cómo escapar, cómo escabullirme; y es cuando extraño a aquella Sonia, la Sonia Machetes como me llamaban, la Sonia a la que no le importaba nada y nada la detenía, para ella no existía situación, circunstancia o momento que la detuviera porque era libre, libre, no vivía en un estado de apendejamiento como el actual. Para ella no existía el corazón y podía hacer y deshacer a su antojo.
Aquí estoy, en un estado de apendejamiento que, como digo, no puedo superar y me descubro egoísta porque no dejo vivir lo que yo ya viví. Me descubro con muchas preguntas y con la necesidad de saber cómo diablos le hizo Julio para soportar tantas locuras y, entonces, de nuevo, acepto que me urge su consejo, saber cómo demonios le hizo para soportarme, cómo le hizo para dejarme ser sin ser egoísta, cómo le hizo para darme libertad... cómo le hizo para callar el dolor que le causaba... cómo le hizo para dejarme ir ¿Así de fuerte sintió este dolor?
En fin, de nuevo escucho “La sirena varada”, de nuevo limpio mis ojos e intento ver qué tanto escribo en mi estado de apendejamiento.
Disculpa lector, esta forma tan atroz de abrirme el pecho y cercenarme el corazón pero ¿existe otra forma de catarsis para quienes escribimos? No lo creo, nuestra única arma es la palabra y a ella me aferro con la esperanza de que pronto logre rescatarme de mis demonios.

sábado, julio 22, 2006

De vueltas, piruetas y momentos tomando cerveza con una rola de Jarabe de Palo: El descubrimiento de mi triste no yo

Una más de Jarabe de Palo por favor... éstas si llegan y durísimo... Particularmente ésta, en estos momentos por los que atraviesa mi vida, una vida repleta de cambios, de ciclos que se abren, se cierran, que convergen con personas, momentos y tiempos distintos que en ocasiones se empalman con el pasado, con los recuerdos que siempre me taladran la cabeza, con los "hubiera" y con los "me lleva la chingada", momentos de prueba, de la búsqueda atroz de la fortaleza, momentos que desembocan en Beckett, Pizarnik, Shopenhauer, Nietzche y Kierkergard, momentos y vueltas, piruetas en el aire en franca lucha contra el tiempo, momentos en los que en ocasiones no me quiero ni levantar, momentos en que la depresión me hace huecos en el corazón, momentos y vueltas en los que me descubro frente al espejo y descubro la mirada de aquella Sonia, la de hace diez años, pero no con la misma fuerza que en ese tiempo, momentos de temores, momentos de furia contenida, momentos en los que mi país se parte, momentos que contemplo desde este gran ventanal que tengo en mi estudio mientras la lluvia cae como todas las tardes en este Distrito Federal, momentos de frío, momentos de abandono, momentos de contradicciones personales, momentos en los que estoy completa pero incompleta como dicen también los de Jarabe, momentos en los que me falta algo pero no sé qué es, momentos en los que escribo y momentos en los que rompo hojas y mando todo a la fregada, momentos en los que busco y no encuentro, momentos en los que me hace mucha falta mi familia, momentos en que se gesta un nuevo sobrino, momentos en que mis hermanos también envejecen, momentos en los que extraño a los camaradas y aquellos viejos tiempos, momentos en los que me imagino en mi habitación antigua, momentos en los que me transformo en hoja pero sin un guión original, momentos en los que me descubro contemplando las tardes detrás del ventanal, momentos en los que camino sin saber hacia dónde, momentos en los que me siento insegura, momentos en los que me siento que soy, momentos en que bajo escaleras, momentos en que subo las mismas trinches escaleras, momentos en que me descubro habitante de este mundo mientras aspiro profundo el aroma a copal, momentos en que me descubro leyendo a Olga Orozco, momentos en que pienso que la mía es una triste película en la que el autor escribió mal el guión... momentos, vueltas y piruetas en el tiempo...momentos, momentos de llorar, momentos de lamentación... momentos en el que el silencio es obligado...momentos, trinches momentos... ¿Saben a qué me refiero? ¿Alguien lo sabe? ¿Alguien lo siente igual que yo?
Va la rola...

De Vuelta y Vuelta
Jarabe de Palo


Hoy el mundo da otra vuelta
pero nadie me ha avisao
hoy el tiempo me ha pillao
con un lío en la cabeza
tirao en la cama
con ganas de nada
hoy el tiempo se ha parao
en la hora que no era.

Hoy el mundo da una vuelta
pero no me ha preguntao
hoy estoy desafinao
hoy estoy de calavera
y el alma partida
la pena encendida
en la acera me he sentao
a esperar la primavera.

Primavera que no llega
Primavera que no llega
Primavera que no llega
Primavera que no llega

Primavera que no llega
Primavera que no llega
Primavera que no llega
Primavera que no llega

Hoy el mundo da otra vuelta
pero no me ha despertao
hoy me levanté tirao
hoy me levanté de vuelta
de capa caída
peleao con la vida
hoy no estoy pa nadie
hoy estoy de vuelta

De vuelta de todo
De vuelta de nada
De vuelta en vuelta
Tan joven y de vuelta

De vuelta de todo
De vuelta de nada
De vuelta en vuelta
Tan joven y de vuelta

Primavera que no llega
Primavera que no llega
Primavera que no llega
Primavera que no llega

Primavera que no llega
Primavera que no llega
Primavera que no llega
Primavera que no llega

martes, mayo 09, 2006

Sin Título

Para Lucía Yepez

Nací bajo el signo de Pedro.
Tres veces cantó el gallo
cuando me lanzaron al abandono,
no hicieron falta ni Judas ni Cristo
y siete veces siete
los clavos en mí se multiplicaron

con ellos pongo a secar el corazón
cuando los gatos despiertan su celo,
este mi corazón,
viejo incansable, habitante del dolor.

¡Arránquenme los ojos
para no ver más el vacío que me taladra!

¡Arránquenme!

Arránquenme este corazón,
las uñas, los cabellos,
mi forma solitaria del paisaje,
destinada estoy a llevar un hueco en mi lado izquierdo,
a través de él los cantos del gallo al despuntar el alba,
justo en la última palpitación
de este alfiletero que me condena

Es el signo de Pedro el que me sostiene.
¿En dónde mi cruz para descansar tanto dolor?
¿En cuál de los ojos de Dios desahogar toda lágrima?
¿En cuál de sus llagas sepultarme y no sufrir más estos clavos?

Tanto, tanto lamento
para tan débil corazón.

miércoles, marzo 15, 2006

Sin título

"La vida es como una cebolla,
mientras más se pela más apesta
y cuando uno termina de pelarla
los ojos se encuentran llenos de lágrimas"
Dicho Polaco

miércoles, enero 18, 2006

Sin Titulo

II

Donata,
ojos de luna
hoja perdida
en el lento fluir del riachuelo,
la lluvia cae sobre ti,
bendita en el abandono.

Donata,
niña madre, muerte niña,
reúne las cuentas de tu rosario
y contigo sepulta los credos
y Avemarías,
desnúdate del canto de los pájaros,
es hora de lanzarte a la tristeza
y entregarte al olvido.

domingo, diciembre 04, 2005

Sin Titulo

A las mujeres Tlapanecas

I

No busques, Donata,
alivio en las plegarias de un fraile,
ni beses su cricifijo
ni pidas clemencia,
tu dolor es el nectar que Dios bebe
- reina del hambre -
y son sus gotas las que riegan la tristeza
cotidiana de los dias.

Cierra los ojos, Donata,
cierralos,
y estrella contra los dientes tu abandono.
En el fondo del tejaban
incendia las palabras
y con tus hojas muertas sepulta
ese pan jamas comido
y no reces Donata,
no reces,
que es en vano la misericordia
cuando la yugular
se encuentra en la punta de la espada.

jueves, noviembre 10, 2005

Cuentos del Vagon: Primera entrega

--- ¡Estoy hasta la madre de tanta carencia!
--- No dirás ahora que no te lo advertí, tú fuiste la que decidió llegar a este departamento, algo me decía que nos iría muy mal...
--- ¡Ay, ya cállate! Pensé que como ésta era nueva, pues...
--- ¿Cómo fuiste a creer eso si la pobre la hace de escritora? y, esos, la verdad no ganan lo suficiente, ya lo estas viendo. No cabe duda, eres una ilusa.
--- ¡Qué te calles, te digo!
--- ¿No dejó nada en esas cazuelas?
--- Naditita... la muy envidiosa...
--- Todo se lo comió, claro, ya si no.
--- Y todavía nos amenaza... egoísta.
--- Sonó muy molesta...
--- Claro, solamente a ti se te ocurre salir a recibirla.
--- ¡Ay, pues quería ver si traía algo de comer!
--- ¿Y traía algo?
--- Sólo un litro de leche y... creo que un pan...
--- ¡Ay, no! ¡Juro que jamás le haré a la literata!
--- Pero si ni sabes leer...
--- Pero mira, qué necia eres, ¡cállate!
--- Bueno, yo decía...
--- ¿Y ahora qué vamos a hacer?
--- Pues la mera verdad, no sé. Esta quincena también va a estar cabrón comer algo, con eso de que llegó un cuentón de teléfono...
--- Solamente a ella se le ocurre hablar como loca a Monterrey.
--- ¡Cómo eres! Allá está su changuito...
--- ¿Su qué?
--- Su changuito, su novio... su puchus como ella le dice.
--- ¡Aparte de envidiosa, cursi la muy desgraciada!
--- Bueno, bueno, ya ¿qué vamos a hacer? ¿nos cambiamos de depa?
--- ¿Y darle gusto a esta canija? ¡Ni madres!, aquí nos quedamos...
--- Pero Camelia, nos moriremos de hambre.
--- Ya veremos cómo le hacemos, algo traerá de comer una de estas noches...
--- Hasta crees, ya está acostumbrada a no comer...
--- Ja ja ja
--- ¿De qué te ríes, Camelia?
--- Bueno, si no la hace como escritora, ya la veremos en el metro haciéndola de faquir...
--- ¡Cómo eres! Si se ve que es buena gente...
--- ¡Es una envidiosa! Mira que no compartir el sustento... no tiene perdón de Dios...
--- Mira Camelia, la vecina del tres es cantante y le va mejor, vámonos para allá, aquí nos moriremos...
--- ¿Escuchaste eso?
--- ¿Qué?
--- ¡Shit!, escucha...
--- Ay, no…
--- ¡En la madre, es ella! ¡Corre, corre!
--- Pero Camelia, no me has respondido...
--- Pinche Adela, córrele que ahora sí nos mata.
--- ¡Te digo que nos cambiemos al tres! Aquí si no morimos de hambre, moriremos aplastadas o asfixiadas...
--- ¿Asfixiadas?
--- Sí, por lo del “flit”...
--- Ja ja ja, si esta pobre no tiene para comer, va a tener para comprar flit... Anda, deja de hablar y corre, ya la veo en la sala...
--- Ya prendió la luz, ¿ves algo de comer?
--- ¡Ni madres, Adela! Ahora ni el litro de leche...
--- ¡Corre, corre! Ya nos vio...
--- ¿Por dónde nos vamos?
--- Por la estufa, Camelia, por la estufa. Ya ves que cada que nos metemos por ahí, sólo se queda amenazando y con el periódico en la mano...
--- ¡Pues córrele!
--- ¿Nos cambiaremos al tres?
--- ¡Y dale! Ya veremos mañana, subiré a echar un vistazo...
--- Ojalá te decidas pronto, porque si no, me iré yo sola...
--- ¡Ay, ya callate! ¡Estoy hasta la madre de ti y de tanta carencia!

martes, octubre 11, 2005

Sin Titulo

Dame de beber tus lágrimas
María de Magdala,
muéstrame en cuál de tus gotas
permanece
derramado
mi
corazón.

jueves, octubre 06, 2005

Marionetas

A Ricardo Garza
A su inexplicable partida


Al atardecer,
alguien corta los hilos
que hacen colgar a los pájaros del cielo
y con espinas enumera las palabras
que se escucharon durante el dìa;
con esos mismos hilos
alguien ata nuestros huesos,
ya cansados se dejan hacer,
se dejan pintar la noche
y adormecidos contemplan la fina danza
de las sombras,
exquisito desangrar de la luz
sobre el asfalto.

Y la tarde ya no es tarde
sólo noche,
ese lado oscuro en el rostro de Dios
poblado de soles pequeños a punto
de extinguirse.

Ya en lo alto
- desde los hilos -
uno ve pasar la vida como el humo del cigarro,
uno intenta contenerla
pero el viento bien hace su trabajo
y la vida se va,
se marcha a través de ventanales
y rendijas,
se llena de soledad el rostro
porque ciertamente
solos nos vamos quedando,
solos y marchitos
como las margaritas en el invierno
- solos -
con los versos hechos nudo
en la cabeza,
con la certeza de ser aún jóvenes
aunque esto sea falso.

Y la muerte nos fuma lento,
despacio,
hasta ese momento,
ese minúsculo momento
en que ya no vemos a los pájaros
colgar del cielo

Verdaderamente... Algo del maestro Efrain Huerta

...
" En verdad,
en verdad no nos alcanza el sentimiento
para gritar debidamente en contra del recuerdo".

viernes, julio 15, 2005

Sin título

A Isabel Fraire

Las horas
repetir la lentitud
de las horas
y beber sublime
el cáliz de las horas
repetirme y beber lenta hasta ahogarme
en ese cáliz de las horas
y a su paso descubrir en mí
el cáliz de las horas
y con un rosario de lunes y sábados
rezar por la vida eterna
de las horas
mientras preparo mi sepulcro
y observo cómo en mi rostro escarban
las horas.

sábado, mayo 28, 2005

Ábreme

Ábreme tierra la entraña de la noche,
muéstrame sus dientes de loba
y extrae de ellos el ombligo de Dios Padre,
trepa cauta sus pupilas
y permite a la memoria de los hombres
danzar de puntas sobre el comal
de tus múltiples apariencias.

Ábreme tierra por dentro
y libera el canto del mar
y el murmullo de la pradera,
deja escapar, te pido,
a los viejos por las columnas del recuerdo,
abre a ellos tus paredes color sepia
y permite se fundan en tu esencia
sin que habiten el vacío.

Ábreme tiempo la memoria
y arráncame este miedo.
Habítame de palabras
de altares sin veladoras
de silbidos de tren al caer la tarde.

Ábreme, tierra, ábreme,
bebe de mí la sangre de las horas

el espacio del minuto
y la eterna resurrección de los segundos.

Ténsame, tiempo y ábreme,
déjame salir de esta fotografía
para que mi ciudad envejezca.


De Tanta Memoria, Fondo Editorial Tierra Adentro (CONACULTA), No. 245.

viernes, mayo 20, 2005

Sin Título

Llueve.

Ordeno mis restos en medio de la noche,
me reconstruyo:
el dolor al fondo de la pupila
en el pecho la angustia
y en la memoria los muertos bailan y se burlan
de esas historias no contadas
de metáforas que no lograron cubrir las apariencias.

Ruina del día, la noche,
en ella se gesta la luz y se reconstruyen
los amaneceres que se repiten y repiten
y anuncian los perros a las cinco de la mañana,
cómplices de amantes furtivos
y de los abandonados que buscan entre calles
alguna razón para seguir ordenando sus restos.

Llueve.

Cierro los ojos
para que el dolor no hable.

viernes, mayo 06, 2005

Inevitable

Cigarro tras cigarro
los días y las noches,
los párpados cerrados
abiertos
y de nuevo cerrados

y por dentro esa llama
y ese guiñapo revienta el pecho
y se llena de tinta las manos
para transformar en rumor las voces

porque con un rumor
con un susurro
la noche anuncia al día que su tiempo ha terminado

entonces el guiñapo fuma
y busca con el humo tejer un hilo
que le garantice el retorno
y fuma
y detrás del humo
los párpados cerrados
y de nuevo abiertos,

porque se busca contener al mundo
en las cuencas de los ojos,
- triste espacio destinado a quedar vacío -

porque como el humo los días se van
lanzándolo inexorablemente
hacia la noche.

domingo, abril 10, 2005

Silencio de Luz

Mi madre nunca dijo
que pronto llega el atardecer cuando se le ignora,
simplemente dejó de hablar,
se llenaron de luna sus ojos
y brotó de su pecho un enjambre de sombras.

Sombra, silencio de luz,
pausa en la mirada del tiempo,
mutis en el escenario que se reconstruye
día con día,
calle que nos ve pasar a la ceniza de la tarde
al luto de la noche
y de nuevo al alba

navaja de luz en la yugular que late resignada
en las pupilas que se abren
y buscan devorarlo todo

- todo –

porque saben que cerrándose no habrá marcha atrás,
sólo ese silencio de luz por los cuatro costados
y el triste recuerdo
de que siempre fuimos cadáveres vivientes.