domingo, marzo 06, 2011

Trémula voz

En qué lugar de la noche
oh trémula voz aguardas,
en cuál de tus lenguas
el tiempo se reacomoda,
en cuál de tus bocas descansa.

Es el tímpano
refugio de la tentación,
es la carne el tiempo mismo que pasa,
soy yo
en los acordes de la garganta
que a las cosas nombra
y la vida arrebata.

Trémula voz,
raíz de amaneceres,
trémula y frágil
mi carne en ti aguarda.

jueves, diciembre 16, 2010

Silencio de luz

Mi madre nunca dijo
que llega pronto el atardecer
cuando se le ignora,
simplemente dejó de hablar,
se llenaron de luna sus ojos
y brotó de su pecho un enjambre
de sombras.

Sombra, silencio de luz,
pausa en la mirada del tiempo,
mutis en el escenario que se reconstruye
día con día,
calle que nos ve pasar
a la ceniza de la tarde
al luto de la noche
y de nuevo al alba;
navaja de luz
en la yugular que late resignada
en las pupilas que se abren
y buscan devorarlo todo
- todo –
porque saben que cerrándose
no habrá marcha atrás,
sólo ese silencio de luz por los cuatro costados
y el triste recuerdo
de que siempre fuimos cadáveres vivientes.

domingo, septiembre 19, 2010

Negro

A mi padre,
donde quiera que se encuentre




De negro la tarde se pinta,
de negro
y mi corazón en la tierra
que hoy te devora,
de negro el cielo, de negro mi vida,
de negro los ojos de mi madre
que hoy se abren al abismo.

Negro
¿por qué el negro en la tumba?
¿Por qué no el blanco, el amarillo?
¿Por qué negro tu traje?
Negro el aposento que hoy te guarda.

Negro, pinche negro.

Y en las piedras dejo mi sangre,
me escarbo la memoria
y tu traje verde al final de aquel llano,
santifico mis recuerdos
y un grito desde tu habitación me llama

Negro,
roca y tierra de este agosto
que hoy, a las tres de la tarde,
parte contigo hacia el negro
infinito de la noche.

domingo, septiembre 12, 2010

Sin Título

Así, de tajo, el corazón arráncame,
llévate de una vez todos los días y sus horas
llévate mi aliento y el grito que ahora mudo te invoca.
Así, de tajo, arráncame lo que de vida queda
en este pedazo de carne
que lento
agoniza...

domingo, junio 27, 2010

De Cuauhtémoc a San Antonio

Un gran trozo de carne, miradas infinitas y rostros distantes, diversos aromas y terribles humores, todos los ruidos y todos los silencios en medio del Periférico, lágrimas entre vagones y esperas interminables, una pareja que discute sobre Avenida Universidad, un hombre que deambula por Insurgentes arrojando su hedor y enrareciendo el aire light de la zona.
La ciudad es una mujer de largos cabellos motorizados, una puta que paciente espera a que alguno se despida de ella entre los vagones de un metro que vomita carne todos los días; y en cada vagón se marcha algo de quienes desesperados le esperan, seres malditos por el tiempo que escurren por las manecillas de un reloj que nunca se detiene. Decapitados, suicidas, locos e indigentes, mujeres en busca de una migaja de amor, secuestradores que planean el siguiente golpe, políticos y su eterno bla bla bla bla bla bla bla bla bla bla, el narcotráfico que crece y el pan en la mesa de los pobres que escasea. Las telenovelas y su eterno cuento de la sirvienta que se casa con el dueño rico de la mansión y las chachas del Pedregal soñando que algún día, algún día, algún día, algún día (sopas) que algún día se verán como Bárbara Mori o como Thalía y el resto tan solo, tan solo, tan solo que busca a alguien en internet para matar el rato, para cibersexo, para mostrarse desnudo, para sentirse cerca aún estando lejos.
La gente sueña pensando que el sueño algún día dejará de ser sueño para transformarse en una realidad que ya no es realidad en estos días, más bien es una especie de burla, una especie de farsa que obliga a todo mundo a representarla, una realidad que tal vez es un mal sueño y de ese mal sueño nadie, absolutamente nadie, por más gallos que canten, más despertadores que griten y marchas que realicen, despertará, porque este mal sueño es toda una realidad y esta realidad es un mal sueño, aunque alguien diga por ahí que la vida es sueño ¿será acaso que esto es un sueño y pensamos que es la realidad y vivimos esta realidad buscando alcanzar algún sueño? Alguien me dijo hace poco que esta vida ya la había yo vivido antes y que estaba de vuelta porque tenía que evitar los errores que había cometido en mi otra vida, o sea que esta vida y mis vidas anteriores han sido todo un pinche fiasco y me niego rotundamente a pensar, aceptar, considerar siquiera que no he dejado de ser una pendeja y que en todas mis vidas he sido la misma idiota que comete los mismos pinches errores y entonces me pregunto ¿cuántas vidas me faltan para dejar de ser una imbécil? Entonces René me comentó que cuando me percate de ello, en una de mis siguientes vidas, descansaré en santa paz, pero ¿cómo lograré darme cuenta en mis otras vidas que ya la he cagado en estas otras vidas si no llego a estas vidas con un manual que me indique en qué la cague para no volverlo a hacer? Pero esta es mi realidad, una realidad en la que de nuevo busco el sueño porque el insomnio de nuevo es el pan nuestro de cada día, una vida que transcurre en una ciudad como tantas en el mundo, llena de gente pobre que cada día aumenta en número y que los políticos buscan la manera de exterminar. Esta vida ya no es una vida normal, es una vida light, una vida para uno cuantos, para esos que pueden pagar, pagar, pagar, pagar, pagar, pagar y el resto, así de jodidos que estamos, pues no encajamos en la forma light que tiene esta vida hecha para niños light, esos que se pueden tomar la vida más a la ligera, que viajan en camionetas chingonas y no les falta el pan, esos que escuchan raegueton y ven a las relaciones en pareja como la oportunidad de coger, coger, coger, coger hasta el cansancio y utilizan todo tipo de pomaditas y pastillas para durar y durar y durar más, porque para ellos esta vida light que se les regala es eso, sólo una cogida más que se debe disfrutar, para eso están los condones ¿qué no? para eso está el aborto legalizado, para eso está la libertad que ya no es libertad, sino un libertinaje light que se debe aprovechar al máximo.
Libertad, coger, aborto, narcotráfico, decapitados, muertos por aquí, muertos por allá, secuestros, personas que de pronto desaparecen del mapa, frialdad, frialdad, frialdad, frialdad, insensibilidad, frialdad, insensibilidad, frialdad, insensibilidad, pobres, más pobres, un chingo de pobres, la gasolina que sube, sube, sube, sube, sube, el huevo hasta los huevos, la tortilla, el pan… el PAN… Santa Madre de Dios… ¿Dios? ¿Quién es ese Señor? Dios, Dios, Dios, Dios… si vieras cuánta gente muere de hambre, cuánta miseria hay en el mundo, cuántos niños sufren ¿seguirías siendo Dios? Mientras los pobres buscan resignación y fortaleza en las misas no sólo de los domingos a las doce, los santos sólo los observan silentes desde los nichos llenos de veladoras y de incienso porque, ojos tienen pero no ven, oídos tienen pero no oyen, boca tienen pero no hablan… y si hablaran, ¿qué sería lo primero que dirían?
Esta es la ciudad en donde vivo, con su tráfico sobre Avenida San Antonio que mienta madres porque no se avanza, con el metrobús hasta la madre con toda esa gente que regresa del trabajo con las ganas quebradas y con la soledad a cuestas, con el metro lleno de personas que se arriman los sexos buscando sentir, sentir, porque eso, señores, hace mucho, mucho tiempo, que dejamos de hacerlo.

**Del libro "Cuentos del vagón" de próxima aparición.

martes, abril 13, 2010

Neus des Fous

¿Qué es esto
que en dos la cabeza me parte?
Tornasol al final de cada pensamiento,
tornasol y una línea delgada
que funde al rojo con el negro.

¿Qué es esto
que en mi cabeza se desnuda?
Pasos vacilantes,
aturdimiento, vacío,
y es que sólo estar dormido
me sana,
lejos del mundo
en mi lecho de muerte prematura,
lejos de mí
a punto de abordar la Neus des Fous,
añorando el suave transcurrir de los ríos,
porque hijo soy del caos
y la desventura,
hijo de nadie,
huérfano lanzado a los brazos de la locura,
pequeña amante y compañera de cama
¡Maldita!
pueden comenzar los días
y yo abrazado a ella,
puede el sol calentar las carnes del resto
y mi sudor en su baba se transforma,
siempre tibia,

y las noches
¡Oh, las noches!
putas incanzables con sus horas eternas,
alcahuetas de su existencia.

Imagen viva de la falta de voluntad
Soy,
Soy, Yo, Soy, ¿soy?
Nada,
y en mi palma izquierda las tardes
se ocultan,
es mi pecho cristal a punto
de reventar,
en mis ojos anida el tiempo
sin esperanza de dar vida,
un espantapájaros más
en la línea perfecta del horizonte,
¿qué es el horizonte
si no el momento en que Dios Padre
señala tranquilo el paso de los días?
Dios Padre,
Dios Hijo,
Dios Espíritu Santo
y mi blasfemia por sus cuatro costados,
Yo y esta boca mía
con sus palabras llenas de desierto,
Yo y este cruzarme el cuerpo
hasta descubrirme duna,
Yo, duna, Dios… desierto,
Yo y los días que corren y corren
y Yo detrás de ellos sin alcanzarlos,
Yo y el espacio vacío
lleno de puntos suspensivos,
Yo y el grito de mi madre
que se pierde cerca de un río,
Yo y el grito de mi madre
que me lanza al abandono
y me crucifica en su olvido,
Yo en busca de algo, algo, algo,
y el cuerpo de la locura y su peso,
y mi Yo niño arriba de un árbol
y encima de un perro,
y a los cinco años en un vagón de metro
y a los ocho con la figura de un padre inesperado,
indeseado, inacabado, in side
cuando deseaba que fuera out side,
Yo aferrado a esa línea perfecta del horizonteque se esfuma
con el paso de las horas,
Yo, Yo, Yo
¿Yo?
No existe Yo cuando la letanía
rompe el corazón
y los trozos se clavan en la piel de los santos,
¡Nada de mártires en este poema,
lo suplico!
¡Nada de corazones, ni de rezos,
ni de letanías, ni de santos!
de nada sirven los rezos
cuando uno se encuentra a punto
de la locura,
de nada sirve el crucifijo
ni el Padre Nuestro ni el Ave María,
de nada sirve reclamar a mi madre
su abandono
ni a mi padre su escarnio,

de nada el aire que infla mis pulmones
de nada el sol que entra por la ventana
de nada la vida de mis hijos
y la vida que continúa allá afuera,
de nada… nada…
la Nada, hermana bendita de la maldita locura,
en ellas mi vida se parte
y a ellas mi vida se consagra.

¿Qué es esto
que en dos la cabeza me parte?
Ha llegado la hora de abordar
la Neus des Fous,
la quietud de su río me llama.

sábado, enero 02, 2010

De temores y cambios

Todo cambio implica algo de temor. El observar detrás de una puerta, la mudanza hacia otra ciudad, una nueva vida, una nueva relación, un nuevo empleo, incluso un nuevo día implican algo de temor. En este sentido, este año inicia y, con él, los temores y las dudas parecen acentuarse ante una situación económica nada alentadora para todos los mexicanos.
No había escrito nada en este blog porque, la verdad, tuve serias fricciones con el año pasado (que acá entre nos, qué bueno que se largó) y no le veía el caso escribir pura desgracia. Sin lugar a dudas, después de la publicación de los Cuentos para entristecer a payaso y su presentación en Guadalajara y en el Distrito Federal, la vida se tornó tan monótona, tan andar en chinga detrás del dinero, de la sobrevivencia ante un desempleo que no sólo sufre quien estas líneas escribe sino la gran mayoría de los mexicanos, viviendo en un cuarto de hotel cuyo administrador es un desgraciado y hace el papel del malo en la historia, buscando la forma de flotar cuando todo hace que te hundas, t o d o :
tu ex pareja
esos que se dicen tus cuates
la situación con el dinero
el buscar empleos y encontrarte con gente nefasta que se siente tocada por Dios
el hallar empleo y encontrarte con la directora de una editorial (específicamente la de Editores Mexicanos Unidos) a la que no le gusta nadita que vivas en un hotel y, por tanto, te quite el empleo recién hallado
el encontrarte con gente que se dice escritor y que no sabe escribir siquiera en un trozo de papel sanitario (específicamente la mayoría de los pseudoescritores que pertenecen a esa asociación que se denomina ASOLAPO y que dirige la pseudoescritora Luz Samanez y una bola de secuaces de quienes se deben cuidar todos aquellos organizadores de encuentros de poetas en el mundo)
...
en fin... todo cambio implica un temor, todo nuevo inicio implica apostar por el tiempo que viene y agradecer por los amigos verdaderos, por los camaradas y llegar al campo de batalla y, entonces, mostrar la espada y permanecer en guardia ante lo que venga...
temor
todo implica temor
sin embargo, señores, es hora de dejar de lado temores y viejas caídas, es hora de gritar al porvenir y pedir porque vengan nuevos tiempos, tiempos de buena cosecha... todo esto aunque sepamos que el sistema está más podrido que nunca, que se prometió acabar con la pobreza, más no terminar con los pobres ni matarlos de hambre, aunque sepamos que todo, ahora, cuesta más que hace algunos días, aunque sepamos tantas y tantas cosas, nosotros debemos permanecer en este campo de batalla hasta que, lamentablemente, la espada del contrario nos arrebate lo más valioso que ahora tenemos: la vida...
estamos vivos, por tanto y por lógica, vivamos, respiremos, luchemos o como decían los soldados de la Segunda Guerra Mundial: Comamos y bebamos que mañana podemos estar muertos.
¡Salud! Venga pues un nuevo inicio, vengan pues nuevos retos que aquí, en guardia, permanecemos... nada de temores que los cambios son siempre para bien.
CARPE DIEM

sábado, noviembre 07, 2009

Vida tan frágil, tan cínica...

La vida... ¿qué es la vida? Juro por Dios que ahora, de nuevo, me lo pregunto... Hace un año, también en noviembre, falleció mi maestro de periodismo: Manuel González Ceniceros. Aquel noviembre, visto ahora desde la lente que intenta mantenerlo vivo como un recuerdo que duele, que fragmenta, que señala la ausencia, fue devastador para mí porque Meme se había ido y yo no había podido despedirme de él... despedir... hay despedidas que se dan de tajo, así, sin decir agua va. Despedidas que, sabemos, ya no tienen retorno, despedidas para siempre... para siem pre... si em pre (aunque esté mal separado)

Siempre y despedida son palabras feas, palabras que se asocian de inmediato a la ausencia, a la condición de que, tal vez, jamás volveremos a ver a la persona de quien nos despedimos... Hay de ausencias a ausencias: las ausencias por un abandono que dicta que la persona sigue ahi, en algún lugar de la tierra, que respira, que vive... y hay ausencias que conllevan a la muerte, y estas ausencias son las más dolorosas, las más tristes: heridas que rasgan de tajo la piel y la dejan abierta por un buen rato...

Hoy, 6 de noviembre del 2009, después de estar bailando con Nene, Chato y Memo en una placita, aquí en el Centro Histórico del DF, después de entrar a la panadería para comprar pan y cenar, recibí la noticia de que mi gran amigo, camarada y maestro, Jorge Luis Espinosa, había fallecido. La noticia, en principio, llegó a mi cabeza y buscó una relación lógica con la realidad... a ver, a ver... cómo que qué, quién falleció? esa fue la pregunta que como protección lanzó mi cerebro, acto seguido sentí que me mareaba y busqué una silla, sí, ahí, a mitad de la panadería y comencé a llorar: el cerebro había entendido el mensaje y Jorge Luis había muerto...

Hay ausencias que nunca se llenan, ausencias que dejan marcada la vida, ausencias que duelen y que no se explican, ausencias que dejan de serlo el día que nos alcance la muerte y de nuevo veamos a quienes se fueron antes que nosotros. Sin duda, la muerte de Jorge Luis me quedará grabada por muchos años, tal vez por lo que me resta de vida, así como lo fue la muerte de Meme, la muerte de Jaime, la de mi maestra adorada Enriqueta y la de Ricardo y todas esas que se avecinan y de las cuales no quiero hablar...

Hoy, sin duda, fue un día lleno de contradicciones, de dolores, de despedidas y tristezas; un día en el que bailé con mis niños y con Memo (me encanta la sonrisa de Memo y su forma de mirar) pero también el día en que mi amigo del alma se fue para siempre, el día que supe se había venido a despedir de mí, y que yo lo fui a buscar el martes y no hallé en su oficina. La vida... la vida, las ausencias, las despedidas, el dolor y ... la muerte.

Para mi amigo entrañable mucha luz en su camino...

domingo, octubre 25, 2009

Presentación de Cuentos para entristecer al payaso en el DF


Les dejo la invitación para asistir a la presentación de los Cuentos para entristecer al payaso el próximo 29 de octubre, a las 19:00 horas en el Museo José Luis Cuevas. Habrá muchas sorpresas. Espero me puedan acompañar.

sábado, julio 25, 2009

La mirada: Ésta es la segunda llamada... segunda...

Compartimos aquí el primer cuento de los Cuentos para entristecer al payaso. Éste, que es mi primer libro de cuentos, se presenta el próximo 6 de agosto en Guadalajara (pido a Dios que nos envíe un milagro monetario para poder trasladarnos a dicha presentación, si algún mecenas caritativo, apoyador de la cultura, la literatura y el arte lee este blog, mucho le vamos a agradecer su apoyo para comprar los pasajes en autobús de estos Tres Mosqueteros, ja) y se presentará a las 20:15 horas en Finisterre Café Boutique. Espero nos puedan acompañar y ser padrinos del huerco. Para leer este primer cuento sólo coloquen el cursor sobre la portada, den click, sigan los señalamientos y podrán conocer a Gumaro y adentrarse en la oscuridad de su ser. Que sea de su agrado.

jueves, abril 30, 2009

Madredeus, Monterrey y Lefod

Para el chaparro y los 7 años compartidos

Muchas veces, cuando uno se asoma por la memoria y descubre que esos recuerdos que se pensaban sepultados en el tiempo se encuentran aún ahí, uno sólo cierra los ojos, contiene la respiración y por la cabeza suceden de nuevo esos momentos que lo llenaron a uno de plenitud, es como en esas películas en las que cada escena, cada aroma, cada movimiento representa un elemento crucial que, al final, se complementa perfectamente con la melodía que en ese momento se escucha y que es, además de los aromas, el único eslabón que nos permite regresar a ese instante.
Comparto con ustedes O Pastor de Madredeus, una canción que marcó significativamente un momento de mi vida en Monterrey, cuando aún tenía mi familia completa, el café Lefod en el Barrio Antiguo y Porthos (Samuel) y Aramis (Pablo) eran unos bebés que comenzaban el arduo camino de ser mis compañeros de batalla.
Escucho esta canción y me hace pensar en todo aquello que dejamos detrás, todo aquello a lo que añoramos regresar y que nos atormenta porque, sabemos y estamos conscientes, de que eso jamás sucederá, sólo de esa manera, cerrando los ojos y repasando en la memoria cada uno de los movimientos, espacios, aromas y rostros. No sé si la memoria sea una bendición o una maldición, lo único que sé ahorita, al escuchar de nuevo esta canción, es que de nuevo toman vida en mi cabeza Lefod y sus veladoras, Juan Pablo en la cocina preparando pedidos para nuestros clientes, mis hijos en la habitación de junto observando a sus padres trabajar y yo, a la entrada de esa cocina de la calle de Matamoros y Diego de Montemayor, observando cómo pasaba la vida.

miércoles, abril 15, 2009

10/10

Al pie de la cama
la súplica ensordece.
En vano gritar cuando la manzana
a punto de reventar se encuentra.
Entonces de nada sirve
arañar cada ángulo de una habitación
que empequeñece.

Lentamente aire soy,
voluta de humo
que sale disparada.

Todo es irreal
todo es ir
real
todo es ir
todo es real
todo
real
hasta este momento
en que el tiempo se agolpa
en la garganta
mientras los perros aguardan
mi tibio cadáver.

Todo es ir
gota a gota
por esta habitación
que empequeñece,

todo es irreal
todo – es –
en un cuerpo
que sobre mi cuerpo
ofrenda a la Muerte

todo es irreal
todo es ir
real, súplica, muerte, asfixia
y
madrugada y tiempo y grito
mudo
que lentamente
avanza
hacia ese límite,
piel delicada
de una cebolla
que en lágrima transforma la mirada
y la unta
en cada rincón
de esta habitación
que empequeñece.

domingo, febrero 22, 2009

Poemas inéditos

Debajo de la cama
los zapatos,
cómplices del andar cotidiano
de amores olvidados
y deseos reprimidos.

Debajo de la cama,
los recuerdos.

*****

Y de su costado izquierdo
mi corazón y la espada
que en dos lo parte.

*****


Basta el roce de la primer gota
en el concreto,
para que el cielo rompa en aplausos
por la conquista.

*****

Este mi par de oídos,
enjambres despiertos a media noche.

Es el silencio néctar
que beben,
es el sonido de mi cuerpo
el que los acompaña.

Detrás de mis párpados
las luciérnagas se agolpan
buscando la salida.

jueves, noviembre 20, 2008

Sin título

Para Ámparo Dávila
Un pequeño homenaje

Si vieras qué chulas se veían las sandías ahí, atrás de la camioneta. Josefina las acomodó rebien, hasta parecía que había agarrado una regla y había medido el espacio entre una y otra. El mantel verde se confundía con la cáscara y resaltaba el rojo de la fruta que se veía fresca, rebosante de jugo. Con el calor hasta se antojaba detenerse y darle de mordidas a uno de los trozos que se asomaban coquetos entre vasos de plástico, cuchillos, saleros y chile piquín. No había mucho viento pero el poquito que hacía llevaba el olor a sandía a la nariz de quienes por ahí pasaban. Nomás de oler la sandía me acordé de los labios de la Ceci, carnositos y rojos, pa colmo se pone brillito sabor sandía, así que ya te imaginarás, pa pronto se me vino a la cabeza aquella tarde, ándale, esa, en el estanquillo, cuando le robé ese beso. Ella nomás cerró los ojitos y yo ni de Josefina me acordé, me dejé llevar y mis dientes mordían y mordían sus labios carnositos, carnositos te digo, y por mi nariz entraba su olor a carne joven, a sandía fresca.
Ahí me quedé parado, debajo de uno de esos árboles grandotes y frondosos que están en uno de los camellones de Paseos, con la mirada fija en los carros que pasaban y con la memoria perdida en los pocitos que se le pintan a la Ceci en sus mejillas cuando se sonríe. Te juro que no me di cuenta cuando llegó ese wey al puesto. Antes de quedar en trance, con el olor de la sandía y los labios de la Ceci prendidos en mis recuerdos, sólo vi mucha gente que esperaba el RTP y a esos camiones que van a San Ángel, Copilco y Viveros. Algo tronó cerca de nosotros, igualito a los cuetes que lanzan en las fiestas a nuestra Señora de Santa Lucía allá, en el pueblo. Pa pronto todo mundo se lanzó al suelo, la calle se llenó de cuerpos regados por todas partes y se escuchaban gritos de susto, de pánico. El viento ya no jugaba entonces con el aroma de las sandías sino que comenzó a regar olor a polvora. Cuando abrí los ojos vi de cerquita el pasto, hasta vi un caracol que, imagino, trataba de entender qué jodidos hacía yo allá abajo, mirándolo de cerquita. Levanté los ojos y busqué pa pronto a la Josefina. No la vi y la verdad me asusté. Poco a poco me fui levantando, miraba pa todos lados, no fuera a ser que de nuevo comenzara la tronadera y, cuando vi que los demás ya estaban de pie, me entró la confianza y crucé la calle. Cuando llegué a la camioneta, ahí, justo debajo de las sandías, estaba el cuerpo de ese wey, con un buen de agujeros en el pecho y en la cara. Corrí pa delante de la camioneta a buscar a la Josefina y estaba ahí dentro, llorando, tirada debajo del volante, azorrillada entre los pedales de la camioneta. Abrí la puerta y le pregunté que había sucedido. Salió como pudo y se abrazó a mí. Me dijo que un carro gris, de esos grandotes, lujosos, se había parado a preguntar cuánto costaban las sandías y que de pronto unos fulanos habían abierto el cristal trasero del carro y comenzaron a dispararle al wey. Ella nomás atinó a correr pa dentro de la camioneta y se había puesto a rezar en voz alta.
La gente comenzó a llegar a la camioneta. Todo mundo gritaba, las viejas lloraban y algunos weyes le llamaban a la patrulla y a la ambulancia. Mucha, mucha gente, no sé de dónde sale tanta gente cuando hay una desgracia, es como si alguien moviera cada pedacito de tierra y de ellos brotaran las personas. Yo pa pronto pensé, bueno fuera que todos me compraran una rebanada de sandía, con eso salvaríamos la venta… pero no, nadie se iba a ocupar en ese rato de tragar sandía en medio de tanta sangre, ni por mucho que fuera el calor, ni por mucha que fuera el hambre.Nadie se iba a tragar una rebanada de muerte.
Ahí se quedaron todas las sandías, bien acomodaditas, una detrás de otra, observando desde la camioneta y su exacta simetría cómo la muerte jugaba con el viento de la tarde, cómo el miedo llenaba a la gente y le espantaba calor y sed. Todos, con el hocico seco, mirábamos el cuerpo de ese wey tirado mitad en la banqueta, mitad en la avenida, con los ojos clavados en el cielo azul, un azul como no es costumbre ver en esta ciudad. Ya no vendimos nada, todo lo tiramos a la basura, todo, todo se había quedado, salado por la muerte.

jueves, mayo 15, 2008

martes, marzo 11, 2008

Canto, letanía (o cómo despedirse del DF sin mentarle la madre)

El largo pasillo a casa,
el patio central del San Carlos,
el despacho de la abuela,
el recibidor del kinder de los niños,
Avenida Chapultepec,
la colonia Roma entera,
Cuauhtémoc, Insurgentes,
Balderas, Etiopía,
Tacubaya y el Zócalo,

el messenger y el ciberespacio,
la banca del parque Luis Cabrera,
la fondita de doña Aurora,
los tacos del jarocho,
el Oxxo, el Seven Eleven
y el puesto de periódicos de Javier,

el andar entre hoteles y hospitales
con el deseo de vender alguna pulidora,
el sol de la tarde
y el frío de la noche,

los brincos de Chato y Nene
por la calle Chihuahua,
los recuerdos de la calle Nápoles,
la plaza Río de Janeiro a las ocho
de la mañana,

este depa testigo de mi regreso
después de siete años,
con dos hijos y una familia rota
como la de Lilo pero sin Stitch,
porque nuestro Stitch
decidió que no había vivido lo suficiente
y se marchó con los alienígenas
a explorar otros espacios,

mis libros, mi estudio
y el patio en Santa Lucía,
los versos que aún esperan,
Paz, Kundera, Unamuno,
Reyes, Bataille,
poetas y filósofos de toda la historia
aquí, conmigo,
a oscuras, en silencio,
con los cigarros a punto
de terminar y el café en la estufa,

mi cabeza en medio del todo
y de la nada al mismo tiempo,
mi cabeza, mi vida, mi destino
que pende de un hilo
justo a los treinta y seis,
el temor que circunda los cuarenta,
la impotencia del desempleo,
la sorpresa de haber visto
y presentido la muerte
en pleno Octubre,

Chato escribiendo sus primeras palabras,
Nene cantando y con el sueño
de ser líder de una banda de rock
cuando sea grande,
de nuevo yo en medio de las calles
del DF persiguiendo el pan nuestro,
con el sudor confundido con las lágrimas,
con el coraje de ser y no ser
al mismo tiempo,

el teléfono de la esquina,
la voz de mi padre
que me infunde ánimos para seguir,
la voz de mi carnal
preguntando por los niños,
la voz de mi madre
con su enojo reprimido,
la voz de Andrés
en algún punto del mapa,
la voz de Juan Pablo
en medio de la soledad,
una soledad que nos arrastra,
nos azota y nos arranca
las lágrimas de los ojos,

de nuevo yo en la esquina
del depa,
frente a una pantalla
que me observa silente,
de nuevo yo y este pinche
corazón que parto en cachitos
para ya no sentir,
porque ya no quiero sentir,
porque ya no quiero seguir llorando
ni temiendo, ni extrañando,

no quiero nada,
¡ya no quiero nada!
todo ha sido dado
y en respuesta la nada,
en respuesta descubrirme
durante la madrugada
sentada en el rincón izquierdo
de la habitación,
a las tres de la mañana,
a la hora en que mis ojos se abren
para mostrarme una realidad oscura,
tragándome las piernas de los recuerdos,
mordiendo pedacitos de Monterrey
mientras escucho a los Hombres G,

y este silencio,
este maldito silencio
que se hace enjambre en los oídos,
miles de abejas
devorándome por dentro
aunque los Hombres G canten
yo te necesito,
aunque Jarabe de Palo diga
que hay dos días en la vida
y Pavarotti busque sanarme las heridas
con su voz,

¡Malditas las lágrimas
que no me dejan continuar!,
¡malditos los cachitos del corazón
que ahora gritan más fuerte,
todos juntos uno solo!,

una
sola
yo
en
medio
de
la
noche…

y la noche abre sus fauces,
gran puta alcahueta
de pasiones reprimidas,
la noche y los ruidos
del café de allá afuera,
la Avenida Álvaro Obregón
con sus ambulancias
y trasnochadores,
yo, de nuevo,
con el celular en las manos
esperando que suene,
un cigarro,
y otro cigarro,
y otro cigarro
y un café con el cigarro
y pensar y pensar y pensar
y pensar lo mismo, lo mismo, lo mismo,
y otro cigarro y un ¡chingada madre,
estoy harta de lo mismo, lo mismo, lo mismo!
No quiero ser hija de la mediocridad,
no quiero ser prima del conformismo,
y afuera la noche y la amenaza
del día que se acerca para ser lo mismo,
lo mismo, lo mismo,
porque a mis treinta y seis
aún no sé para qué demonios vine,
diez años en el DF
y siempre fue lo mismo, lo mismo, lo mismo,
confirmar cómo las palancas dan empleos,
cómo las mafias benefician a sus integrantes
y condenan a sus enemigos,
diez años en los que aprendí lo que signfica perder
y vivir en un hotel y otro hotel y otro hotel,
y observar cómo los sueños se estrellaban
en la Doctores, sentir cómo los espacios
lentamente se achicaban,
y concluir que, como cantaba Mecano,
aquí en el DF sólo fui aire,
oxígeno, nitrogeno y algo, sin forma definida…